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dimecres, 7 de setembre de 2011

FIN DE SEMANA (CAPÍTULO II)





CAPÍTULO II


Mientras tanto, Rebeca fue a casa de sus tíos, y al llegar allá se abrazó con ellos. Ellos se llamaban Josep Ramon Lamadrid Viladegut, él, y Valentina Esplugues Junquera, ella. Él era un hombre algo gordo, con un poco de barriga, 1’75 de estatura, pelo y barba morenos y cuidados, y ojos verdes. Las mismas señas tiene su esposa, aunque, claro, ella no llevaba ni barba ni tampoco barriga. Vamos, ella se cuidaba bien, y tenía ese aspecto de madura interesante, aun capaz de despertar pasiones entre los hombres, tanto los de su edad como los más mayores e incluso entre los más jóvenes.
También son bastante diferentes su carácter, ya que ella es muy simpática, y él, en cambio, es a veces antipático e iracundo, aunque de buen corazón. Eran el complemento el uno del otro, entonces. Y aquél era uno de esos días en que esto se vislumbraba.
--Hola, tío –le saludó Rebeca--. ¿Tienes hoy mucho ó poco de tu mala leche de costumbre?
--Rebeca, siempre con tus sarcasmos –comentó de manera algo áspera el tío Josep Ramon, que nunca había tragado muy bien el carácter espontáneo, deslenguado y descarado de su sobrina.
--¿Qué tal, Rebeca? ¿Cómo van las cosas por Barcelona? –preguntó la tía Valentina.
--Bastante bien, tía Valentina. Ahora estoy de vacaciones. Quizá estaré aquí unos días y luego volveré allá –explicó la rubia, al sentarse en el sofá de la salita y cruzar las piernas.
--¿Has encontrado otro novio? –preguntó el tío.
--¿Otra vez? –exclamó la chica, un poco cansada de aquel rollo--. Ya hace cuatro meses que corté con Llorenç, y sí, quiero encontrar otro chico, pero tengo que esperar, joder. Que esto no sale tan rápido como en las pelis.
--¡Chorradas! –dijo el tío--. ¡Siempre las mujeres decís las mismas chorradas, y así no os coméis una rosca! –al decir esto último, sonrió sardónicamente.
--¡Bah, si a los tíos os pasa lo mismo! ¡Como si fuerais perfectos! –contraatacó ella.
--Eh... quizá sí... –él se puso de puro rojo por el pudor— yo...
--Es que casi todos los tíos sois muy machistas.
--¡Qué calumnia! ¡Cuántas chorradas dices, nena!
--¿Y no eres machista, Josep Ramon? –ahora interviene la tía Valentina, quizá tomando valor por la pose valiente de su sobrina--. ¡Si lo sabré yo...! Menos mal que nuestro único hijo varón, Ángel, no es como tú.
--¡Sí, claro! Como a él le gusta leer de todo, hasta los prospectos de las medicinas, al leer tanto libro, ha aprendido cosas que a mí me dejan como un gilipollas.
--Hombre, eso no pasaría si leyeses algo más que el Sport, El Mundo Deportivo y los tebeos.
--¿Y Paula? ¿Y Valentina? Tus hijas se parecen demasiado a ti... y Ángel también. ¿Por qué alguno de nuestros hijos no ha salido a mí?
Rebeca, al oír nombrar a sus primos, quiso cambiar de tema y preguntarles por ellos.
--¿Los primos siguen con la misma feina, ó ya tienen otro?
--Sí, Rebeca –contestó el tío--: La Paula trabaja en un Banco de Lleida, y viene por aquí los fines de semana. Llegará ésta tarde. Y el Ángel, que quiere ser actor, ahora trabaja en Barcelona en la cosa esa del doblaje.
--¿De doblaje? –se maravilló Rebeca--. ¿Y lo han contratado muy rápido, ó ha tenido que esperar, ó tenía enchufes? Es que el doblaje, dicen que está cerrado y todas las pelis las doblan los cuatro gatos de siempre.
--No, le hicieron una prueba, después de haber hecho un curso de doblaje que le ha costado una porrada de pasta, unos 1.800 € en dieciocho meses. Para pagárselo ha tenido que trabajar de todo: repartir leche, ser funcionario de un Ayuntamiento de los alrededores de Barcelona durante seis meses, camarero, acomodador de cine... Cuando llegue, ya le preguntas sobre esto. Yo no lo sé, ahora...
--¿Y Paula, le va bien con aquel novio suyo, aunque él vive en Sabadell y ella en Lleida?
--Sí, le va bien. Se llaman todos los días por teléfono y se ven fines de semana y festivos. Él trabaja en otro Banco, allí en Sabadell.
--¿Cómo se llamaba él? ¿Àlex?
--No, Andreu –le recordó la tía Valentina.
--Ah, eso, Andreu, un chico muy majo. Hoy vendrán aquí los dos juntos. Aun no han decidido si se irán a vivir juntos, pero si fuera así, uno de los dos tendrá que dejar su trabajo y buscarse otro.
--¿Y Ángel, tiene novia ó no?
--Huy, sí, Ángel siempre ha sido un hacha en eso. Además, en ese trabajo del doblaje, ha ligado con una compañera de profesión. No recuerdo cómo se llama ella, quizá Gaietana Biosca, pero nos la ha traído aquí alguna vez. Una chica muy maja.
--¿Una pareja de dobladores? ¡Qué guay!
--No, si en éste mundillo es normal, tú. Hay muchísimas familias de dobladores, donde los padres y los hijos se dedican a esto. Mira al... esteeeee... Rogelio Hernández, su esposa Rosa Guiñón y su hija Rosa Mª, todos dedicados a esto. Y los Peña, los Posada, los Angelat, los Mediavilla... Así es como nos lo contaron los dos.
--Sí, tía –contestó Rebeca, sentándose mejor en el sofá.
Un poco más tarde, ella les contó a sus tíos:
--Eh, vosotros, ésta noche cenaré fuera de aquí. Un amigo mío me ha invitado.
--¿Es alguien de los amigos que tenías aquí en La Pobla? –preguntó Josep Ramon, mesándose un poco la barba.
--Em... sí, es uno de esos –contestó Rebeca, mintiendo, ya que conocía la manía de sus tíos en entrometerse en su vida privada ó bien criticar el tipo de amigos que se buscaba, sobre todo cuando ella se iba de marcha nocturna. Y como Jaume Sariñena era un desconocido al que conoció ese mismo día, por si acaso, prefirió mentir. En otro momento ya se atrevería a decirles la verdad.
Más tarde llegaron allá las parejas Paula-Andreu y Ángel-Gaietana, y hablaron todos de sus cosas, bromeando mucho, como siempre que se ven. Más tarde, Rebeca acabó de arreglarse para ir a la cita con Jaume. Aun tuvo que escuchar las bromas reservadas para ella por sus parientes, de si se veía con algún ligue suyo.
Pero, ahora sí, fue a encontrarse con él. Él se había cambiado su camiseta verde oscura de la mañana por una camisa color rosa fucsia. El resto era la misma ropa de aquella mañana, salvo los zapatos en vez de las zapatillas deportivas.