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divendres, 22 d’octubre de 2010

MAGDALENA SERRA: CAPÍTULO V (IGUAL QUE SHERLOCK HOLMES Y EL DOCTOR WATSON)


CAPÍTULO V:
IGUAL QUE SHERLOCK HOLMES Y EL DOCTOR WATSON






Un día, en mi oficina, recibí la visita de una amiga catalana, Georgina Massana. Hablábamos de los asuntos de ella, ya que Georgina es detective privada. Tomábamos un café en la salita de la oficina, en donde pueden los empleados tomar un pequeño almuerzo en los descanso del trabajo.
Yo he tenido siempre interés por las historias de detectives, sobre todo por el gran Sherlock Holmes. Era una chica muy guapa y parecía inteligente, pelo largo castaño y rizado, y que llevaba gafas. Vestía con un jersey, con una raya horizontal que llevaba la palabra “Ángel” en letras mayúsculas y un pantalón vaquero. Precisamente Georgina habla de su trabajo...
--¿Sabes?, he visto casi todo tipo de asesinatos, de adulterios, de cosas bien extrañas... Pero eso no es como en las novelas de Philip Marlowe. Tal vez es como en las novelas de Sherlock Holmes y también del comisario Maigret.
--Me imagino –contesté—. Nunca me creí nada de ésas burradas sobre las
aventuras muy peligrosas de los detectives privados.
--Muy bien, Magdalena. Eso quiere decir que tú eres una chica muy perspicaz.
Yo quería, con mucha modestia, evitar éstas palabras, al ver en ellas una glorificación.
--Bah, no hay que exagerar. Yo soy sólo alguien con los pies en el suelo.
--Eso es lo que yo pienso –dijo Georgina, con su dote deductivo.
Ahora yo quería hacer una especie de juego con ella. Georgina no me comprende bien.
--Veamos... –dije yo— entre mis colegas de la oficina, ¿hay alguien que te parece sospechoso de tener historias raras?
--¿Como...?
Intenté explicárselo. Georgina lo comprende y entonces se pone a mirar por toda
la oficina.
--Es un ejemplo. Entre los compañeros, ¿hay alguien casado que habrá tal vez tenido algún asuntillo con otra?
--Ah, comprendo... Tú hablas de alguien en particular.
Yo, entonces, miro de reojo hacía atrás, en donde está un compañero, a la derecha, concentrado en su tarea. Se lo hago ver a Georgina.
--Sí. Miralo, el tío que está detrás de ti. Se llama Vincent. Casado, feliz, pero yo sospecho que él tiene algún lío con otra.
--Bien. Yo comenzaré mis investigaciones.
Vincent es un chico atractivo, con cabellos pardos y gafas. Él no sabe nada de que ellas le están mirando. Entonces, Georgina dice...
--Empezaré primero con algunas preguntas...
--¿Sobre cuál cosa?
Georgina piensa sobre las preguntas en voz alta. Al fondo, Vincent estaba, tal vez sorprendido. Parecía darse cuenta de que podrían estar hablando de él.
--Sobre su vida con su mujer, si son felices sexualmente o no... Las preguntas anodinas de costumbre.
Entonces, ella se acerca Vincent. Pone sus manos sobre la mesa, se lo mira fijamente y le dice:
--Perdone. ¿Puedo hacerle una pregunta?
Él parecía sorprendido.
--Eh, sí, señorita.
A Georgina la veía yo de espaldas, desde mi lugar de trabajo. Ella habla con el chico. Él no sabe nada de lo que pasa exactamente, sobre todo con el tipo de preguntas de ella. Eso sí, a medida que avanzaba el interrogatorio, él parecía más incómodo.
--Perdóneme mi indiscreción: ¿Usted es casado?
--Sí, bien casado. Desde hace nueve años. Y tengo dos hijos.
Georgina se sienta sobre la mesa de él y lo mira de una manera algo insinuante, mientras le hace otra pregunta. Aquello no gustaba nada a Vincent, que cada vez estaba más enfadado.
--Otra pregunta, por favor: ¿ha pensado usted alguna vez en tener una relación con otra mujer?
Él ya estaba casi fuera de sí. Pese a todo, conservó la calma para responder:
--¿Yo? ¿Por qué? No, ¿qué es todo eso...? ¿Una broma?
Georgina inventa una excusa para tranquilizar a Vincent.
--No, señor. Es sólo una encuesta, para conocer el grado de fidelidad de las parejas francesas. Yo supongo que vuestro matrimonio es perfecto, ¿sí? ¿No tienen ningún problema usted o su mujer?
--No, señorita –contestó él, con impaciencia—. Yo soy muy fiel, y mi mujer también. Nuestro matrimonio es muy feliz.
Después, ella habló conmigo. No estaba nada convencida de todo cuanto él le había explicado. Al fondo, Vincent estaba muy enfadado.
--Hum, yo creo que este tío no dice la verdad. Hay algunas cosas muy extrañas.
--¿Qué cosas?
Me imagino ahora la mesa de Vincent, según como me explicaba todo Georgina. Se ve un lápiz de labios, un paquetito con un preservativo, una braguita roja (mejor un tanga) y un sujetador también rojo. Todo eso está debajo de un montón de papeles, pero ellos no estaban muy escondidos. Ella habla conmigo en voz baja.
--Yo vi un preservativo, un lápiz de labios, un tanga y un sujetador bajo los papeles. Eso es muy extraño.
Georgina y yo continuamos reflexionando sobre este hallazgo.
--Cree en mi experiencia, Magda. Este tío no nos ha contado nada más que trolas.
--Tal vez... Pero las apariencias engañan mucho.
De golpe y porrazo, tuve una idea, sonreí mucho por aquello, y se lo dije a Georgina. Ésta no parecía nada convencida de su validez.
--¡Espera, tengo una idea! ¿Y si hacemos como Hercule Poirot? ¡Una gran reunión con todos los sospechosos!
--Em, no –me dijo Georgina, impasible—. Lo más importante de un detective privado es siempre la discreción. Y nosotros no podemos reunir a Vincent y a su mujer. Si le contamos a ella nuestras sospechas, ella se podría enfadar mucho. No me gusta joder los matrimonios. Los matrimonios se joden ellos mismos.
Más tarde, yo salgo con Georgina a dar un paseo por la calle, y entonces le hago una pregunta:
--Vosotros los detectives, ¿nunca os equivocáis? Vosotros sois humanos, a fin de cuentas.
--Claro que sí. Yo tengo errores, eso es. Y ahora, pese a estas pruebas tan evidentes, no estoy segura de la infidelidad de ese tío. Muchos de mis compañeros han tenido errores tremebundos con estas sospechas tan equivocadas.
(Vincent no está tranquilo. Se acuerda de ellas y sospecha más que nunca que hablaban de él y que sospechaban que él hacía algo extraño.
--¿De qué hablan ellas? Parece que ellas sospechan algo extraño de mí. ¿Se habrán pensado que estos objetos son tal vez para montármelo con otra mujer? Todo eso es para mi mujer Nathalie y yo. Ella quiere tener un “look” más sexy, y yo quiero lo mismo. Desde hace bastantes meses, nosotros no tenemos mucha pasión, y debemos recuperarla).