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divendres, 22 d’octubre de 2010

MAGDALENA SERRA: CAPÍTULO IV (LA EX NOVIA DE JOJO)


CAPÍTULO IV:
LA EX NOVIA DE JOJO





Yo misma, con una guitarra, canto la canción de Georges Brassens “Tempête dans une bénitier” (Tempestad en una pila de agua bendita), sentada sobre la hierba, en el campo, un día que habíamos ido fuera de Paris para pasarlo bien y alejarnos de los problemas cotidianos y la presión de la gran ciudad. Todos mis amigos (Jojo, Georgette, Charles y Anaïs) me escuchaban cantar con atención.
--«Ils ne savent pas ce qu'ils perdent, tous ces fichus calotins. Sans le latin, sans le latin, la messe nous emmerde. Le vin de sacré calice se change en eau de boudin. Sans le latin, sans le latin, et ses vertus faiblissent... »
Y otro fragmento de la canción:
--« ...A Lourdes, Sète ou bien Parme. Comme à Quentin Corentin, le presbythère sans le latin à perdu son charme. O très Sainte Marie mèr' de Dieu, dites à ces putains de moins qu'ils nous emmerdent sans le latin ».
Mis amigos aplaudieron. Pero al fondo se veía una chica castaña, con gafas de sol, que estaba muy seria, con bastante indiferencia en la expresión. Nos miraba. Mientras tanto, nosotros con nuestra fiestecita, y Georgette, levantando su vaso de cerveza, me dijo:
--¡Bravo, Magdalena! ¡Cantas muy bien! ¿Cuando cantarás canciones con tus propios textos?
Dejé la guitarra por los suelos, para después guardarla dentro de una bolsa, y le expliqué:
--Ahora no, no estoy muy dotada para escribir canciones. Me gustaría más escribir novelas, pero ahora yo estoy muy atareada con mi trabajo.
Continué hablando, a pesar de que sentía en mi cogote la mirada misteriosa de aquella chica, que ahora sonreía, como si hubiese descubierto a alguien que no veía desde hacía largo tiempo, pero sin chillar de alegría ni si quiera mover un músculo de su rostro.
--Yo sé tocar también la música rock, pero es demasiado difícil –continué diciendo a Georgette—. Yo sueño también con cantar “Satán is back”, ¡con las ropas y todo!
Y me imaginé a mí misma vestida con ropas “heavys”, Georgette a mi lado de la misma manera, las dos cantando como locas con aquel tipo de música.
La chica se levantó las gafas de sol y me miró otra vez, con mucha tranquilidad. Me puso la mano en el hombro y dijo...
--Magdalena, ¿puedo hablar contigo un momento?
--Em... Sí.
Yo había contestado sin ningún problema, pero a la vez extrañada por que a aquella chica no la conocía ni un ápice, y no sabía que ella me conociese y me hablase por mi nombre. La chica dijo, sin en ningún momento dejar su expresión impasible:
--Bien, yo me llamo Christine Moreau. Yo sé que tú no me conoces. Yo fui la novia de Joseph Malgrat.
--¿Su novia?
--Sí.
Yo parecía interesada, y sorprendida también. ¿Quién era ésa chica? ¿De qué me conocía? La respuesta de la chica, tal vez, me ha dejado así. Christine hizo aún más una expresión entre cínica y de superioridad.
--Ah..., y... ¿qué quieres? –le pregunté, aún sin comprender nada—. ¿Que puedo hacer alguna cosa por ti?
--No. Sólo quería conocer yo misma a la novia de mi ex.
--¿Como...?
Ahora sí que no podía yo comprender nada.
La chica se alejó hacia un rincón del paraje, no sin decirme antes:
--Quería saber qué aspecto tenía. Además, yo entraré a trabajar en tu oficina.
--¿En la...? ¿En qué puesto trabajarás?
Más tarde, hablé de Christine con Georgette. Yo estaba del todo desconcertada. Georgette me quería animar.
--Ella es muy rara, Georgette. Y además habla siempre con aires de superioridad. Yo tengo miedo de alguna desgracia. ¿No querrá ella llevarse a Jojo? Y yo no soy celosa.
--Pero no… yo no creo que esta chica esté interesada por Jojo –me dijo ella, con tranquilitat—. Además, ella se comporta siempre así con todo el mundo.
En aquel momento, llegó Jojo, y él no esperaba encontrarse allí a Christine.
--¡Hey, Magda...! ¿Eh? ¿Christine?
Él estaba sorprendido, y también enfadado con ella, casi se diría que la odiaba.
Jojo me miró, y él dijo que no se esperaba encontrarse allí a su ex novia. Parecía horrorizado. Yo estaba más tranquila, pensaba que él exageraba.
--Escucha, Magda, no me esperaba que ella estuviera aquí. Y eso no me gusta nada. ¡No la aguanto!
--No pasa nada –contesté, sonriendo—, no hace nada. ¿Por qué la odias tanto?
Primero, Jojo quiso tranquilizarse para hablar. Me puso las manos sobre los hombros y con más naturalidad comenzó a hablar. Yo me imaginaba a Christine vestida con cuero negro y un látigo en la mano, toda una ama sado-maso, por que él me decía:
--Christine es una chica muy antipática, Magdalena. No te acerques a ella. Ella es tan horrible que pensé que ella es como Hitler.
(Christine, cerca de allí, se mira a los dos. Ella sospecha por algo. Hace expresión de extrañeza.
--No sé por qué –pensó ella—, pero yo creo que ellos dos deben de hablar algo malo sobre mí. Tendría que hablar con ellos.)
Christine se acercó hacia nosotros y habló. Quedamos sorprendidos.
--Bien, amigos míos, yo creo que vosotros habláis de mí, y mal, supongo –dijo, impasiblemente.
--¡Arg! –exclamó Jojo, asustado.
Jojo parece del todo asustado, más aún, mientras Christine me abrazaba, para decirme dulcemente:
--Vosotros habláis de que yo soy mala, tan detestable como la Bruja Mala del Sur. No es verdad. Yo os demostraré que no hay que exagerar. ¿De Acuerdo?
--Em... de Acuerdo –dije yo, atolondrada.
--¡Arg, no! –pensaba Jojo, de espaldas a nosotras.
Después de siete horas, la chica no acababa nunca de pronunciar un larguísimo discurso sobre ella y su vida, para convencernos de que ella no era para nada una bruja, que ella podía ser mejor. Yo y Jojo estábamos muy cansados. Y los demás, también: Anaïs y Charles dormían juntos, con la cabeza de ella encima del hombro de él, y Georgette al lado de un árbol.
Pensé, con ironía, que Christine, para convencernos de sus bondades, hizo un discurso de sólo siete horas, nada que ver con ésos de Fidel Castro...
--...Y, o sea –decía ella—, yo no soy como vosotros pensáis. Yo soy mucho mejor, y querría ser vuestra amiga.
--Sí, Christine, te creo –dije, muerta de sueño—. Eres una buena amiga, muy gran amiga para mí y Jojo. Ouaaaah...
--Seguro –decía ahora Jojo—. Ouaaaah...