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dissabte, 25 de juliol de 2009

TODO ACABARÁ BIEN... SI FUESE BIEN(Capítulo 10)







CAPÍTULO X

Cuando llegó la tarde, se fueron a un cine, uno de aquellos de versión original subtitulada, en donde proyectaban “A bout de soufflé” de Jean-Luc Godard, titulada en español como “Al final de la escapada”. Salieron no muy contentos. Núria, que siempre había sido bastante intelectual, parecía que le había gustado más, pero a los dos americanos, parecía que no. --¿Qué os pasa, tíos? –les preguntó--. ¿No os ha gustado...? Pareceis enterradores. --No sé, tía... –respondió Jarvis--. Ésta película la veo yo demasiado rara... Hay momentos buenos, pero también otros hechos con el culo, y perdona que hable así... por que hechos con el cerebro, me parece exagerado. Y es que éstos tios de la “Nouvelle vague” eran exagerados, ó que... no sé. Y no es que no sepa apreciar las películas surrealistas, pero, coño, ésta duerme hasta al acomodador... –miró seguidamente a su novia—Eh, ¿qué te pareció, Judy? --Eh... –parecía ella pensárselo bien antes de abrir la boca—Yo pienso lo mismo, tío. A mí me molaban más las películas de Fellini, que al menos te partías el culo con sus paridas oníricas, ó como las llamaba él... --En América hicieron una versión nueva de ésta peli de Godard, con Richard Gere y Valérie Kaprisky –recordó Núria--. Tampoco era muy buena, pero era más animada... para vuestro gusto, claro. --A mí, de esa versión –dijo Judy--, ¿sabéis qué me gustó más? --¿El qué? –preguntaron los demás. --El culo de Richard Gere. Todos rieron. --Mirad, tíos –dijo después Núria--, mañana os invito a ver otra peli, más de mayorías. ¿Qué os parece una comedia? --Ah, dabuten, caramba –dijo Judy--. ¿Una de Michael J. Fox? --No, coño, de esas no –puso Núria una mueca como de asco--. Yo he oído hablar de una comedia catalana bastante buena. Creo que os gustará. --¿A los catalanes os gusta “fer país”? –bromeó Jarvis, soltando una frase en un catalán aceptable, con mucho acento americano--. ¡Os pareceis mucho a nosotros los americanos... y a los franceses! --Quizá, quizá... Por ahora, parece que ya han pasado los problemas, pero más adelante volverán. Esto nunca se acaba...Winnie había salido con Mónica, y Arthur con Susana, aquella mañana para acompañarles a unos sitios, distintos para cada una de las dos parejas: Mónica acompañaba a la cineasta hasta una productora cinematográfica barcelonesa, ya que le habían sugerido que algun día hiciera una película allá en Catalunya, como había hecho antes otro neoyorkino, Whit Stillman, que está casado precisamente con una barcelonesa. La película de Winnie sería diferente, claro, y además, al hojear el libro “Cómo ser una mujer y no morir en el intento” de Carmen Rico Godoy, lógicamente ya se le había ocurrido parte del argumento. --Artie iba con mi hermana –decía Mónica—para ir a una “festa del vi” (1) que organizan en un pueblo de la provincia de Tarragona. --Es que Artie sabe mucho de vinos –contestó Winnie--. Unos tíos suyos italianos son vinateros, del sur de Italia, y cada vez que podía, se emborrachaba con esos vinos, con la excusa de que sólo iba a catarlos para ver si estaban en su punto ó no. --Oh, en ese pueblo, que está en el Priorat, tu novio encontrará vinos muy buenos. --Ojalá que no demasiados –bromeó la cineasta.Cuando llegó la noche, allá por las diez, Arthur y Susana llegaron al hotel. Él iba un poco borracho. Winnie se quedó sorprendida... aunque no mucho. Debía de estar ya acostumbrada. --Hola, Winnie... hip… --balbuceaba él, que aunque podía hablar bien, de vez en cuando se le escapaba esa manera de hablar tan común en los borrachos, con algo de hipo que entrecortaba sus frases de un tajo—En el Priorat, el vino está... hip... muy bueno. Te lo... hip... recomiendo. Winnie, mientras esperaba, estaba leyendo una revista española de información cinematográfica, de periodicidad mensual, mientras ponían en la radio la canción “Si vols estar amb mi” (1) del grupo rockero catalán Sopa de Cabra. (1) Vio entrar así a Arthur, que se temió lo peor. Aun así, ella se rio un poco, sobre todo al ver a su pareja cayéndose medio mareado sobre la cama, torpemente. Seguramente él ni se daba cuenta. --Oh, vaya, estás trompa perdido, Artie, cariño –le decía Winnie, mientras le ayudaba a desnudarse, quitándole las zapatillas de gamuza azul, muy veraniegas, que llevaba. Pero él, que ya empezaba a sentir de verdad su borrachera, no muy evidente antes, murmuró algo que a la americana no le gustó mucho, ya que frunció el ceño: --Oh, Susana, házmelo más... más fuerte... más... ay, así... aaaaasí... –lo decía como si jadease, como si estuviese haciendo el amor con una persona imaginaria. Winnie se quedó sorprendida, sin haber acabado de quitarle los pantalones (ya sólo le quedaban los calzoncillos). Gruñó ella: --“Shit!” (2) Me olvidaba de que Artie, cuando bebe mucho, además de estar trompa puede hacer cosas aun más fuertes, pero esto... Y esto pasaba, pues Arthur decía el nombre de Susana, la sobrina de Winnie... Es decir, que esto podría ser muy gordo, cási un incesto. ¿O era otra Susana...? Que hay muchas, montones de Susana, cantidades industriales. Winnie pensó esperar a la mañana siguiente para ver si cuando a Arthur ya se le hubiera pasado la borrachera y entonces ya le aclararía si aquello era una confusión ó no, que todo había sido una chorradita, un sueño cualquiera que todos los hombres tienen de vez en cuando, el montárselo con otra persona que no es su pareja. Pensó la americana que ella es muy liberal, una feminista liberada, que practica el nudismo, que... etc. Etc. Y aquello puede pasar... ¿ó no? Por que ella tenía dudas. Dudaba si volvería a amar igual a Arthur por haberle engañado acostándose con una mujer llamada Susana, ó como quiera que se llamase... pero recordó que esa supuesta mujer podría ser su propia sobrina, Susana. Y sin poder evitarlo, no sabía si odiar a las demás mujeres, lo cual era una contradicción con sus ideas feministas y de apoyarse las mujeres las unas a las otras, u odiar a Arthur por haberle puesto los cuernos con otra. Al mirar la cara de su novio, Winnie vio allí una manchita, que le pareció que era de lápiz de labios, de labios femeninos, claro, pensó ella, ya que no se imaginaba que él fuera marica y se lo hubiera montado con otro hombre, que además se pintara los labios... pero al pasar el dedo por aquella mancha y contemplarlo manchado de color rosa, pensó: --No hay duda: éste cabrón se lo ha montado con alguna... Y esperó a que él se despertara, aunque se durmió antes, y cuando él se despertó, ella estaba totalmente dormida, aun vestida, claro, sobre el sillón de la habitación. Arthur se extrañó de verla así, no durmiendo, sino vestida y con la radio puesta, aunque con el volumen bajo. Quiso despertarla, haciéndole caricias por la cara y besándole. --Hey, Winnie –le dijo, suavemente--, despierta, guapa, que ya ha amanecido. --¿Eh...? –se despertó ella. --Te habías quedado dormida, vestida... --Ya, pero... ¿en dónde estuviste ayer? --En un pueblo de la comarca del Priorat –contestó Arthur--. Fui allá con tu sobrina Susana, ¿no te acuerdas? --Ya... y... ¿no os ocurrió nada especial...? --¿El qué...? --Pues... verás: anoche llegaste aquí borracho, y hablabas en sueños. --Muchas veces hablo dormido, Winnie. Tú me lo has dicho siempre –contestó Arthur, haciéndole a ella caricias en el cuello. --Sí, pero en sueños hablabas de que te lo habías montado con una mujer llamada Susana –le recordó Winnie, sin levantar demasiado la voz, ya que no tenía ganas de montar escenitas de celos. --¿Susana...? –Arthur trataba de acordarse de aquel nombre--. ¿Te refieres a tu sobrina? --Sí, hablabas de que hiciste el amor con una mujer llamada así. Se llama igual que mi sobrina. --¿Tu... sobrina...? –él se horrorizó--. ¿No pensarás que yo...? --No sé qué pensar –dijo ella, tranquila pese a todo--. Sé que tú, si bebes demasiado, te vuelves capaz de montártelo hasta con la mujer del Presidente de los Estados Unidos... y luego, ni siquiera te acuerdas de eso. Así que dime, guapo –levantó la voz--, ¿quién es esa Susana? ¿Alguna amiga que conociste en esa comarca? --Em... no sé, ahora no me acuerdo, como tú misma me has dicho –se ruborizó él aun más. --¿Y por qué te pones rojo, cariño? –Winnie, pese a todo, quería ser atenta y cariñosa con su novio--. No quiero ser la típica mujer celosa que ya odia a las demás mujeres por que cree que se quieren follar a su novio... aunque sólo se rocen contigo al pasar por la calle. A ver, ¿conociste alguna otra Susana, además de a mi sobrina? --Em... sí, sí, ahora me acuerdo. No se llamaba Susana, sino Susan, en inglés. Le gustaba que le llamasen asimismo Susana, en español, ó en catalán, que se dice igual. Era una chica de Liverpool, de mi misma edad. --¿De tu misma edad? ¡Coño! ¿Cuántos siglos tenía más que tú...? --No exageres, Winnie. Yo tengo 25 años, y ella 26. Sólo nos llevábamos siete meses de diferencia. Y si hablas de la edad, tampoco... --Sí, ya lo sé –le interrumpió Winnie--, esto te había contado otras veces, cuando te hablaba de que cómo es una feminista, que no debe importarle la edad de uno y otro... pero, cojones, aquello, quizás, es lo que decimos en público, pero... venga, coño, dime ahora mismo cómo te lo montaste con esa...

--No, Winnie, no me acuerdo de nada... y me gustaría ayudarte, pero no me acuerdo si me lo monté con ella ó no... Ya conoces mi amnesia con el alcohol... Sólo me acuerdo de que allí estábamos yo, tu sobrina y su novio, que estaba allí ya que su familia es de ese mismo pueblo, tomando vasos de vino en un mostrador... Lo siento. --No sé si creerte, tío, pero lo intentaré –dijo Winnie, aun no muy convencida. Quizás por que amaba demasiado a Arthur para enfadarse demasiado con él. Además, ella se acordaba de que años atrás, cuando ella era aun una desconocida en el mundo cinematográfico, bebió demasiado whisky una noche y acabó metida en medio de una orgía, entre cuatro amigos y amigas, después de haberse montado un strip-tease integral delante mismo de todos ellos, bañarse desnuda en la piscina de allí y no recordaba más... hasta que a la mañana siguiente le contaron que ella llegó no sólo a hacer todo eso, sino que además hizo el amor con alguna de las amigas... ¿Ó fue con las dos? Nunca acabó Winnie de creérselo, pues ella siempre se ha considerado heterosexual... Bien, dejémoslo. Un rato después, acabaron desahogándose, en el buen sentido de la palabra, y para tranquilizarse del todo, se fueron los dos a la ducha, y allí, juntos y bajo la caída libre de aquella agua templada tan reconfortante, la tranquilidad llegó a su estado máximo. Pasaron varios días, y como quería Winnie, ésta y Arthur se fueron los dos solos a Ibiza, en las Islas Baleares, a unos doscientos kilómetros de Barcelona, para pasar unos días allí. Así quedó olvidado el no bien aclarado incidente de él con la inglesa. Se aprovecharon de que en las playas ibicencas se permite a la gente bañarse desnuda ó vestida, como le plazca, para satisfacer su afición por el nudismo. Si nos preguntan si los dos pasaron desapercibidos mientras estaban en España, diremos que sí. Aun no son muy conocidos en la Patria de Pedro Almodóvar, algo que agradece en el fondo Winnie, nada partidaria de salir continuamente en los medios de comunicación. Y menos aún en las revistas sensacionalistas. Al pasar tres días volvieron a Barcelona en barco, como en el viaje de ida, y en clase turista, ya que no les gustan demasiado los lujos. Ya en la Ciudad Condal se fueron al hotel, aunque ésta vez cogieron otra habitación, pues les costaba demasiado dinero tener la de antes. Luego volvieron a visitar a la familia catalano-americana de ella. Cuando pasara una semana, Winnie y compañía volverían a Nueva York, y quizá volverían por España el año sigiuiente. Ahora, aprovecharon muy bien el tiempo que les quedaba. Mientras tanto, Judy y Jarvis habían hecho de todo con la familia Kirby-Fonollosa, como salir con ellos por las afueras de Barcelona, ir a ver películas, salir con los amigos, bañarse en la piscina nudista, etc. Ah, se acordarán de lo que le pasó a Jarvis con Núria, que se había enamorado de ella. Pues ya se olvidó de aquello, por que Judy cada vez más pasaba el tiempo con él, y mientras, Núria salía con Manel Ricard. Además, Judy estaba cada vez más cariñosa con él, que hacía que se sintiera avergonzado de pensar en otra, de ponerle los cuernos, y volvió digamos de verdad con ella. Pero claro, los problemas, muchas veces, nunca se acaban... Antes de volver a América, y aun les quedaban tres días (ya han pasado varios desde que la cineasta y el actor volvieron de Ibiza), compraron varias cosas, como un libro de Historia de Catalunya y de España que se compró Judy; un cassette de música pop en catalán que se compraron Kathy y Tommy; y más cosas... Winnie, un día antes de coger el mavión de vuelta a los Estados Unidos, hizo unas gestiones en la Ciudad Condal para un proyecto de una película que haría allí, y que cada vez más pensaba en ello. Se fue a la sede de una productora cinematográfica catalana, y allí habló con un amigo suyo, Xavier Cunill, conocido productor de filmes hechos en Catalunya (y también alguna en Madrid) y alguna serie de TV3, la televisión autonómica catalana. Cunill era un hombre joven, de unos treinta y cuatro años, elegante, con aire de ejecutivo de diseño a la catalana. --Al llegar Noviembre, tengo que hacer un viaje a Los Ángeles –le decía Cunill a la americana, mientras se ventilaban los dos con un potente aparato de aire acondicionado, por el calor que hacía, con el añadido de la gran humedad de la zona--, para un asunto de un director español que quiere hacer una película con la colaboración de Billy Wilder, creo. Aprovecharé entonces para pasarme por Nueva York y hablaremos más profundamente del proyecto, Gwendoline. --Gracias, Xavi. Ah, llámame Winnie, por favor. Me gusta más el diminutivo. Y... –intentó imitar el tono coloquial de los españoles—“me mola más”. Ó que “m’agrada més” –dijo de nuevo, ésta vez en catalán. --Ya lo veo, Gwen... Winnie. Bien –reflexionó Cunill--, me has dicho que pensabas hacer una historia de amor entre un hombre y una mujer que tienen cerca de treinta años... --No, cuarenta. --Sí, cuarenta. Y que compiten demasiado por tener ambos el mismo trabajo, y se odian y aman al mismo tiempo... --Eso es. --¿Cómo acabará eso? ¿Con un final feliz ó triste? --No lo sé –respondió Winnie, aunque no muy segura--. Pero quiero hacer algo que no sea lo que les gusta a esos gilipollas de Hollywood. --Ten mucho cuidado, que ni en Europa gustan ya las cosas demasiado “originales” –le aconsejó Cunill. --Tranquilo, tío, que yo no soy ninguna intelectual de pacotilla –le interrumpió la americana, antes de que él le soltara algún discurso. Así que se pusieron de acuerdo en encontrarse muy pronto en Nueva York, cuando él estuviera por los Estados Unidos. Para entonces, decía Winnie que ya habría acabado su próxima película, además de que tendrá que hacer una gira por varios países europeos y algunos más del planeta para promocionar el estreno de “Piel de cualquier color”, que llega a esos lugares con algo más de retraso que en América. Arthur Genovese, mientras tanto, se había quedado en la casa de Parker Kirby, grabando en vídeo el capítulo de una telecomedia emitida por la televisión catalana TV3, en la que ella él actuaba como “guest star” (estrella invitada) en un episodio. Cási toda la familia estaba ante el televisor, excepto Susana, que estaba trabajando.
Al actor italoamericano le hacía gracia el doblaje en catalán de la serie, y más el de su personaje, que opinó que incluso mejoraba su interpretación, que el doblador catalán había encontrado matices que ni él mismo suponía que había en su personaje. --Me molas tú, Artie –decía Parker--, haciendo de un político republicano fan de Ronald Reagan medio chiflado. --Gracias, Parkie. Podría haber dejado a Reagan como a un inepto, ¡pero me da lástima, ja, ja, ja...! –rió Arthur.Todos los demás también rieron.
(1): Fiesta del Vino.
(1): “Si quieres estar conmigo”. Sopa de Cabra es un grupo de rock en catalán.
(2): “Mierda” en inglés.