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dimarts, 18 de novembre de 2008

TODO ACABARÁ BIEN... SI FUESE BIEN (Capítulo VI)







CAPÍTULO VI Mientras tanto, en su casa estaba Judy con Jarvis, besándose suavemente mientras estaban sentados en el sofá. --Judy, cariño –le decía él, con cierta melosidad en la voz, a la brasileña, pero con mucha sensualidad, que a ella la volvía loca y le colmaba de deseo--, ¿por qué no nos vamos a la cama? --¿Ahora...? –contestó ella, con esa misma melosidad en su voz, que pretendía seguir como un juego--. No sé... ahora no, Jarvis, que mis padres y mi hermana podrían vernos... y no me molan los mirones. --¡A la mierda los mirones! –gruñó Jarvis, con convicción. --Jarvis, que yo soy moderna, no tengo prejuicios, ya lo sabes... pero es que esos gilipollas siempre se cachondean cuando nos ven follar. Para ellos debemos ser como personajes de una peli de Bob Hope. --Esto... –él cambió de tema, ya que se acordaba de algo que debía preguntarle, antes de que se le olvidara--: Judy, ¿tú hablas bien el español? –lo decía por el viaje inminente que harían todos a Barcelona. --Sí, hombre, sí –contestó ella, acariciándole suavemente por la coronilla--. ¿Y tú? --También. Lo aprendí en las veces que he ido al Sur de California, cerca de la frontera con México, y en viajes a México. Además, en Los Ángeles hay mucha gente que habla español, más que aquí. --Como si estuviéramos en casa. Y se fueron seguidamente a la cama, cerrando con llave la puerta de la habitación, para que no pudiera espiarles nadie, y así Judy pudiera acabar con la desagradable sensación de sentirse observada e incluso criticada y objeto de burlas si no hacía bien el amor con su chico. Si no se hace bien, es algo normal, pero para ella se ha convertido en un suplicio el tener que aguantar bromas así. Y prefirió tener cuanta más tranquilidad mejor. Al día siguiente, Ralphie se acercó a su hermana y le preguntó: --Eh, Judy, ¿ayer tú y Jarvis lo hicisteis? --¿Y a ti qué te importa? –contestó ella con desdén, como queriendo guardárselo para sí. --No, es que creo que tu novio y tú nos habéis copiado los jadeos... --¿Que os hemos copiado qué...?
--Los jadeos, guapa; ya sabes, “ah, ah, ah...” –Ralphie se puso a imitar jadeos, de forma exagerada y cómica, como lo haría un personaje de una película de Mariano Ozores en España--. Yo y Nicole lo hacemos como si cantásemos “Only youuuuu...” –imitó la voz algo melosa del cantante de The Platters para cantar “Only you” (Sólo tú). --Envidioso, que eres un envidioso –le riñó Judy, divertida. En aquel momento entraba Kathy, acompañada de Tommy, cogidos de la mano, e iban charlando. --Te digo que esa peli de “Corazón salvaje” es una chorrada –decía Tommy, algo molesto por que parecía que Kathy no estaba para nada de acuerdo con él--. Ese David Lynch, que también es una chorrada que tenga mi mismo apellido (aunque no somos ni siquiera parientes), es un sinvergüenza. Nos ha estado tratando como a gilipollas durante toda la peli. ¡Si hasta metía al hada buena de “El mago de Oz”! ¿Qué coño pinta ese personaje ahí...? Creo que está chalado, el tío. No me extraña que su peli de “El hombre elefante” se la produjera Mel Brooks, otro chalado, que encima es un payaso que no hace más que payasadas. --No digas chorradas, coño –protestó Kathy--. David Lynch lo hace de puta madre, tío. Quizá pueda dejarnos confundidos cuando mete cosas raras, que sólo le molan a él, pero está bien. Ah, cuando lleguemos a España, quiero que veamos la película, que creo que allí se ha estrenado en la versión íntegra, con las escenas que la censura no nos ha dejado ver aquí. --Ah, sí, claro, las más violentas... ¿es eso? –Tommy puso una mueca de desagrado, sólo con acordarse de lo que ya había visto de la película, con el añadido de imaginar cómo serían las que no habían dejado ver la censura en los Estados Unidos. --Quizá, pero no hay más escenas así, Tommy. Creo que allí ponen la escena en la que a Willem Dafoe le vuelan la cabeza de un tiro. --Eso es lo que más miedo me da, Kathy... –dijo Tommy, con una mueca de profunda tristeza, mirándose a su novia de reojo hacía la derecha. --Chico, a mí tampoco me gusta nada la violencia gratuita... pero con David Lynch se puede soportar. --Ya, como en “Terciopelo azul”. ¿Te hubiera gustado si te hiciera el amor igual que si te violara, como le hacía Dennis Hopper a Isabella Rosellini en aquella escena, gritando él todo el rato, como un histérico, “¡Papi, entra en casa!”? Seguro que no. --Claro que no, Tommy. Pero David demuestra que la gente que parece tranquila no lo es... y que puede ser muy violenta. --¡Deja ya de filosofar, guapita! Pienso que éste tío sólo quiere llevar al cine a cuantos gilipollas pueda... y con violencia a montones, además. Ah, ¿qué me dices de la chorrada aquella de sacar a un tío follando con una mujer embarazada? ¿No te parece una parida? --Quizá, pero él se cachondea de los tópicos, y como en “Twin Peaks”, los machaca. ¿No sabes ver eso?Judy y Ralphie se acercaban a ellos en aquel momento. --¿Qué os pasa? –preguntaba él. --Nada, chico, nada –señalaba Tommy a su novia, con una sonrisa maliciosa en los labios—ésta, que le gustan las mierdas del David Lynch ese... y encima tiene mi mismo apellido, el tío. ¿No os parece que vacila demasiado? Y se rieron. Luego siguieron dando cada uno la opinión que tenían de “Corazón salvaje” y de toda la obra de Lynch. Mientras, Tommy soltaba muchos tacos dirigidos al cineasta. Kathy bromeaba: --¡Carroza! ¡Eres un carroza, que no has visto más cosas en el cine que “La diligencia” y “Cantando bajo la lluvia”! ¡Prrrrrtz...! –le sacó la lengua. Tommy contestó a esto dándole a ella una palmadita en el culo, haciendo ella seguidamente lo mismo con el culo de él. Tan divertidos estaban “peleándose” así que Judy y Ralphie tuvieron que separarlos. --¡Hey, vosotros! –dijo Judy--. Si queréis daros palmaditas en el culo, podéis hacerlo, es sano, y excita cantidad! Mejor que os las deis en la cama. ¿Os dejo mi habitación...? Siguieron con más cachondeos hasta que se cansaron. Luego empezaron cada uno/a a preparar las maletas para el viaje a Barcelona (los que iban a hacer ese viaje, claro). Al día siguiente, cogieron el avión Nueva York-Barcelona desde el Aeropuerto Kennedy a las ocho de la mañana. Después de más de ocho horas y media de viaje, llegaron al Aeropuerto de El Prat de Llobregat de Barcelona. Ya era allí de noche, si nos acordamos de la diferencia horaria entre Nueva York y Barcelona, que en ésta última son unas seis horas más. Es decir: si en Nueva York eran las ocho de la mañana, en Barcelona eran las dos de la tarde; y ocho horas y media después, la hora local barcelonesa era ya las diez y media de la noche. Por lo tanto, ya era noche cerrada, buen tiempo y algo de calor, con bastante humedad en el ambiente, algo habitual en la zona, sobre todo en verano. Allí les esperaban los parientes de Winnie, su primo Parker Kirby, su esposa Mónica, dos de sus hijas, Núria y Susagna (sus hijos e hijas tienen nombres catalanes, observémoslo atentamente, algo que cualquier familia hace en un nuevo país al que vayan a vivir). Los demás hijos, Joan (aunque a veces le llamaban Jack) y Mónica (que se llama igual que su madre) no estaban allí con ellos, en ese momento. También les esperaba Anna Oliola y su novio, Mark McHuston, un chico neoyorkino con pinta de “cachas”. --Hola, tía –saludó Anna a Winnie--. ¿Ha sido bueno el viaje? --Oh, sí, muy bueno –respondió la americana--. Hemos pasado el viaje contándonos chistes de todas clases, buenos y malos, machistas y feministas... Hemos ideado los argumentos de unas 47 películas, todos a la vez, fíjate si son copiones, je, je... –volvió a reírse, con una risilla de conejo. --¿Venís en nuestro coche, ó nos repartimos todos entre el nuestro y el de tus primos? –sugirió la catalana. --Sí, sí, cabremos... Menos mal que no llevaban mucho equipaje, y pudo éste caber perfectamente en los maleteros. Luego se fueron a un hotel en Barcelona, de tres estrellas, situado en la Calle de Aragón. Judy, Jarvis y Tommy fueron los que con más curiosidad miraban las calles de la ciudad, quizá por ser la primera vez que las veían, excepto Winnie, Artie y Kathy, que ya habían estado allí otras veces. Allí pasaron la noche, y al día siguiente se levantaron para hacer un paseo por la ciudad, que quizá lo harían como el típico “paseo turístico” que hacen los turistas, pero que Winnie quería que ésta vez fuese diferente, y lo hicieron, como decimos, con marcha. Más tarde fueron a la casa del primo de Winnie, Parker. En aquel momento estaba haciendo alguna cosa con Mónica (su hija, no su esposa, que había salido), que era ensayar una canción de ella, ya que quería ser cantante, como Kathy, pero cantando en catalán. --¿Cómo te lo montas...? –se interesó la americana. Mónica Kirby Fonollosa, una encantadora chica de pelo castaño y de 1’80 de estatura, que a su lado su padre parecía un enanito de Blancanieves, respondió: --Nada, Kathy, como las que hacéis vosotros los americanos –hablaba un inglés con acento catalán--, pero en catalán. ¿No has oído canciones de rock en otra lengua que no fuese solamente el inglés, tía? --Sí, muchas, en... en español, italiano, francés, alemán... aquí en Europa también lo hacen de puta madre, tía. --¿Lo dices como un cumplido, Kathy? --Oh, gracias –rió un poco ésta última, quizá por que le hacía gracia la respuesta-pregunta de Mónica.Mónica iba vestida con una blusa vaquera bastante ligera, que dejaba el ombligo al aire, pantalones cortos de practicar “jogging” y sandalias. No llevaba medias, quizá por que dan mucho calor en verano, y más con el clima de calor húmedo alto de la Ciudad Condal, más evidente en verano. Se sentó cruzando las piernas y cogió unos cassettes, enseñándoselos a Kathy. --Mira, Kathy. Todos éstos tíos son cantantes de rock en catalán... pero, desgraciadamente, sólo se les oye aquí en Catalunya, por que parece que en el Estado Español no interesan. --Ah, ¿y eso por qué...? –se interesó Kathy, al no estar informada del tema, del cual Anna Oliola sólo le habló alguna vez de pasada. --No lo sé muy bien... –respondió Mónica, reflexionando--. Todo el mundo dice cosas muy distintas de esto, tía. Unos dicen que en Madrid no interesa la cultura catalana y otros que sí; también dicen que si no interesa allí es por que los catalanes somos muy aburridos, muy sosos, que no tenemos la gracia que tienen, por ejemplo, los andaluces. ¿Me entiendes...? --Em... no mucho... –dijo Kathy, intentando también ser objetiva, mientras intentaba entender todo aquello, que le sonaba a exótico, pese a que ya había estado allí otras veces y había sentido hablar del tema. --¿Ah, no?
--No, no, Mónica... –intentaba explicárselo bien--. Es que eso no lo conocía bien. Quizá no me lo han explicado como lo has hecho tú. --Ah, bien... Es que Catalunya es bastante diferente del resto del país. --Ya me habían dicho eso. ¿Y es muy diferente de verdad? --Quizá sí... No demasiado, claro, pero siempre ha habido muchas diferencias y todo el rollo ese. --¿Y cómo es eso? --Pues... creo que es por que... ya sabes que España, desde el siglo XVI, con la Inquisición y todas esas chorradas, empezó a aislarse del resto de Europa, perdió su poder en Flandes, y... y mucha gente se iba a América, sobre todo los talentosos, quedándose aquí los mediocres. Cuando llegó al trono el rey Carlos III, ya por el siglo XVIII, veía que España se estaba quedando muy anticuada, además de aislada y metida en sí misma, y decidió hacer reformas, modernizando el país. Pero cuando el tío la palmó, es decir, que se fue al hoyo, es decir, que se murió el tío –usaba Mónica un lenguaje coloquial en exceso a menudo, por lo que a veces tenía que darle vueltas a lo mismo, para resultar más comprensible--, todo se jodió, y sus herederos no siguieron las reformas. Menos mal que aquí en Catalunya continuaron esas reformas por su cuenta, por lo que la diferencia de desarrollo entre ésta comunidad autónoma y el resto de España resulta evidente, si las examinas con atención... Volvió a preguntar a Kathy si ésta le comprendía bien ó no, y ella dijo que sí. --Dabuten –soltó Mónica--. Podría hablarte de más cosas, como el 11 de Septiembre de 1714, cuando el padre de Carlos III, Felipe V, derrotó a Catalunya entera, humillándola en una Guerra de Sucesión, quizá por que los catalanes querían otro Rey... Bien, eso, mejor que lo leas en algún libro de Historia, guapa. Seguro que ahora no comprendes mucho de lo que te estoy hablando. Te pensarás que los que aquí son muy raros, ¿no? --No, Mónica. En los Estados Unidos hemos tenido algo parecido, como lo que les pasó a los Estados del Sur después de la Guerra de Secesión. Por ello, nos tratan un poco mal a los que somos del Norte. --Ya, pero no hagas comparaciones, Kathy. Esto no es lo mismo, coño. Que los del Sur no soportaban que se les acabase el chollo de los esclavos, y por eso querían separarse de la Unión Americana. Que Abraham Lincoln quería acabar con eso... Se acercó en ese momento Judy, con Jarvis detrás de ella. --¿Qué hacéis, chicas? ¿Qué rollo os montáis? –preguntó. --Nada, Judy, charlamos de música y de Historia –contestó Kathy--. Es curioso que ésta guapita –le dio una caricia y un pellizco a Mónica en la mejilla izquierda—es muy catalanista. No parece nada americana. --Es lógico, Kathy –dijo Jarvis--. Si ha nacido aquí... --¿Eres proamericana, ó quizás antiamericana, como algunos europeos? –le preguntó Judy a Mónica, por curiosidad. --Vaya, la ironía neoyorkina, ¿no? –bromeó la catalana (no hace falta que le llamemos “catalanoamericana”). --Quizás, chica. ¿Qué me dices...? --Mujer, soy americana... bien, hija de americanos, y cuando pienso en éstas cosas estoy dividida... quizá por que me crié aquí, como mis hermanas y mi hermano. Y aunque tuvimos algunos problemas por esto, por ser hija de americanos, hace algunos años... Podemos estar a favor ó en contra de América. --¿Cómo que a favor ó en contra...? --Chica, veo que no comprendes bien esto. Si veo que América ha hecho algo dabuten, la apoyo, vaya que si la apoyo... pero si lo ha hecho mal, puedo criticarla. ¿No es Estados Unidos un país libre? Pues también se le puede criticar, como aquí se critica a España, que muchos pueden decir, sin que pase nada, las putadas que los españoles hicieron en sus colonias americanas, ó lo que hizo la Inquisición, y sólo algunos se enfadan por eso, los que se llaman “fachas”, es decir, los de la extrema derecha. ¿No ves en Nueva York las películas españolas que, cuando hablan de Franco, dicen que él era un hijo de puta? Pues ya casi nadie se queja aquí de que se le llame así; sólo algún “facha”. Después de un rato, pararon de conversar y volvieron con los otros. Y tres horas más tarde, Jarvis se acercó a una de las tres hermanas Kirby, Núria, que estaba allí dibujando una cosa, con carboncillo. Parecía un paisaje con montañas al fondo. --Hola... –le saludó, con algo de timidez. --Ah, hola... ¿Cómo te llamas, tío? –no recordaba Núria su nombre. --Jarvis. ¿Y tú? --Núria. --¿Núria? --Sí. Es un nombre típico de aquí, corriente entre las chicas catalanas. El primero es Montserrat –le explicó ella, que era de pelo castaño, como su hermana Mónica, pero algo más baja y con la nariz más respingona. Tenía su pelo enmarañado y teñido en algunas zonas de rubio. No era demasiado largo, y parecía más el peinado de un chico. --Muy bien. Es muy bonito –soltó él un piropo. Se fijó en sus dibujos de paisajes. Le preguntó--: ¿Estos paisajes, de dónde son, Núria? --Eh... de los Pirineos Catalanes. Son unas montañas que quedan al Norte de aquí, en la frontera con Francia. Esto, al natural, es muy bonito. Son más preciosas que vuestras Montañas Rocosas... –rió. --¿Sólo dibujas esto, nena? –preguntó Jarvis, al mirar atentamente uno de los dibujos que le ofreció la chica. --No. También hago dibujos de personas, objetos... cualquier chorrada, tío –quiso bromear la chica, quizá por parecer modesta. --¿Estudias en alguna escuela de Arte? --Sí, en una que está en el Paseo de Isabel II. Me gusta dibujar y pintar, y quizá acabe siendo esto, tío, dibujante de cómics ó de Dibujo Artístico. --Podrías ser las dos cosas a la vez, Núria –asintió Jarvis, de forma caballerosa. --Gracias, tío, eso pensaba. En aquel momento entro Judy, que buscaba a su novio, y al entrar, les preguntó: --¿Qué hacéis, tíos? --Nada, Judy –contestó Núria--. Veía estos dibujos con tu novio. Parece que te mola el dibujo, ¿no, Jarvis? –se dirigió a la americana, que veía los dibujos y los encontraba muy interesantes, a juzgar por su absorta contemplación de los mismos. Empezaba mirando uno en el que aparecían montañas muy altas, plenas de nieve, de las que se ven en los Pirineos Catalanes; otro con una pareja de chicos jugando al tenis; otro con otra pareja bañándose en una playa desierta (ella con bikini, él con bañador); otro con la misma pareja en la misma playa, pero completamente desnudos. En los dos, dicha pareja posaba de la misma manera: sentados en la arena, ella apoyando la cabeza en el hombro derecho de él. El trazo de los dibujos era bastante bueno, muy suave, un poco “naïf” pero también con algo de ironía. Jarvis se lo enseñó a su novia, y ésta opinó, maravillada: --¡Joder, tía! ¡A tu lado, Van Gogh y Renoir parecen pintores de brocha gorda! ¡Cómo dibujas, coño! --No exageres, Judy –le pidió la catalana, modesta--. Tengo muy buena mano, eso sí... Mis padres y mis hermanos, todos los días me sueltan el mismo rollo, joder... Que si lo hago muy bien, como dices tú... pero creo que todos exageráis. Además, Van Gogh y Renoir son grandísimos pintores, y lo hacen de puta madre.
--Núria, ¿por qué dibujaste a la misma pareja vestida y desnuda? –preguntó Judy. --¿Querías hacer como Goya con “La maja vestida” y “La maja desnuda”? –preguntó Jarvis, casi al mismo tiempo que su novia, a un segundo de atropellar con su frase la pregunta de ella. --Pues... quería hacer dos poses distintas, y... es como decís, que se me ocurrió lo que hizo Goya con la Duquesa de Alba. A los artistas siempre nos mola buscar cosas insólitas, algo original. --Pues me parece bonito –dijo Judy, mirando atentamente y con una cierta sonrisa de admiración y morbo a la vez el dibujo del desnudo--. En Nueva York conozco a gente que pinta y dibuja muy bien. A veces he pensado en posar para algún cuadro. --¿Ah, sí...? –se sorprendió Núria--. Eh... perdóname la pregunta, tía... pero..., ¿nunca te han propuesto posar desnuda? --Sí, alguna vez, pero nunca lo he hecho, quizá por timidez. Ahora sí podría hacerlo; si quien me vaya a pintar no es ningún guarro ni ningún borde, lo haría sin problema. Más de uno, que me lo propuso, pensé que sólo quería ligar conmigo, y eso no me va. No tengo prejuicios, pero que no me vengan con chorradas. --Entonces, ¿lo harías? --¿El qué? ¿Posar desnuda para un dibujo tuyo? --Sí, claro.
--Por supuesto. Al ser mujer, seguro que sabrás hacerlo como Dios manda. --¿En qué sentido...? --En que tú no vas a dibujarme desnuda por intentar ligar conmigo, seguro. Y que las mujeres sabemos ver mejor la parte sensible del arte, no el morbo, como la mayoría de los tíos. --Ah, bien... eh... –pareció dudar Núria sobre lo que iba a decir posteriormente—Quería proponeros algo... referente a esto... --¿El qué...? --Yo... había pensado en si vosotros dos podríais posar para un dibujo mío... --¿Los dos? ¿Desnudos...? ¿Y en la playa, como esos amigos tuyos? –señaló Judy los dibujos de la playa. --Ehm... sí. Pero si no queréis, no tenéis que hacerlo. --No, tranquila –le tranquilizó Judy--. Nos mola esto, ¿verdad, Jarvis? –miró de reojo a su novio. --Pues... sí, claro –contestó él, aunque no muy convencido, pero le atraía la idea, quizá por el morbo, sobre todo el de ver a su novia desnuda. --Bien –dijo Mónica--. Mañana podemos acercarnos al estudio de un amigo mío, que es pintor, muy conocido aquí, y allá podremos hacer eso. Ah, ¿estáis seguros de que...?
--Que sí, tonta, que sí –insistió Judy. --Bien, gracias. Así que quedaron para que, al día siguiente, ir a ese estudio del pintor aquel. Pero aun quedaba bastante para acabar el día, así que siguieron con otras cosas. Arthur era con Winnie y Anna Oliola, en ese mismo momento, en los alrededores de Barcelona, paseando por un bosque. Era el bosque de la montaña del Tibidabo, una de las que rodea la ciudad, de unos 532 metros de altura. Queda al Norte. Anna es de estatura media, morena y ojos castaños. Iba vestida con ropa vaquera, pantalones, blusa y gorrita, todo vaquero, quizá heredado de su residencia en los Estados Unidos. La catalana les preguntó: --¿Nunca habéis visto un bosque como éste? --Pues sí –respondió Arthur, mirando a todos los lados--. En California, en el Yosemite Park, ó en el Yellowstone Park, al Noroeste de los Estados Unidos. Éste último es tan grande que ocupa más territorio que todo el País Vasco. --Oh, vaya... –comentó Anna--. ¿Cuántos kilómetros cuadrados tiene? --9.000, Anna –contestó ahora Winnie. --Oh, coño, un poco grande –dijo Anna, con ironía--. Y el País Vasco tiene algo más de 7.000...Se rieron el actor y la cineasta. --¿Cuántas veces has recorrido éste camino? –preguntó Winnie más tarde. --Muchas, Winnie. Lástima que Mark no haya podido venir. Le gusta mucho pasearse por aquí, cada vez que venimos por Barcelona. En Nueva York está el Central Park, pero no se parece a esto. --Ya lo creo –dijo Arthur--. En el Central Park, yo puedo caminar y practicar “jogging”, pero es muy diferente a éste sitio. ¿Y Kathy y Tommy? Estaban paseando por la calle de Muntaner, esquina con la calle de Valencia, cerca de la casa de los parientes de Winnie. --Veo que aquí en España también hay chicas muy guapas –dijo Tommy, al fijarse en una chica rubia, muy guapa y vestida y peinada a lo moderno, cuando pasaba al lado de ellos. --Ya, y chicos muy guapos también –le contestó su novia, señalando a un chico igualmente guapísimo, que pasaba a su izquierda. --Yo creía que todos los españoles eran sólo de pelo moreno. --No, hombre, hay de todo. ¿No lo ves...?En aquel momento, veían pasar a Susagna, una de las hijas de los Kirby. Iba acompañada de un chico, que parecía una imitación tirando a simple de Tarzán, que llevaba gafas. Les saludaron, y él se presentó: se llamaba Modest Muntanyola, y como ella, estudia Informática. Luego, Susagna y Modest les invitaron a ir a ver “Corazón salvaje”, la película de David Lynch que Kathy quería volver a ver, sobre todo por que sabía que en España proyectaban la versión íntegra, sin censurar. Tommy refunfuñó: --¡Joder! ¡Otra vez tenemos que aguantar ese rollo! Ya recordarán que a él no le había gustado nada, pero a ella sí. Antes llamaron a casa de Susagna para decir que no irían por allí hasta la hora de cenar. Y fueron a un cine del Passeig de Gràcia. Allí la ponían en versión doblada en castellano, que a Tommy no le agradaba mucho, ya que, como todos los norteamericanos, está acostumbrado a la versión original en una película, sea ésta en inglés ó en cualquier otra lengua. Y veía que aquellos personajes típicamente norteamericanos aparecían así, doblados en español, como si fueran jóvenes españoles, a juzgar por los diálogos de la versión española. A Kathy parecía gustarle más, ya que estaba más acostumbrada a ello, al haber escuchado sus películas dobladas en español, francés, italiano ó alemán, las lenguas a las que más se doblan las películas extranjeras. Y luego, cuando ya acabó la película, Tommy seguía pensando lo mismo que cuando la vio en América: que le parecía una chorrada, que no sabía por donde cogerla, etc. --Eres muy exagerado, Tommy –le dijo Susagna--. Quizás el Lynch éste se haya pasado un poco, como hace siempre, pero exageras, “nano”. --Sí, sí, yo exagero, maja, pero el final de la película, no se lo cree ni él mismo. Y luego, veo que aquí han hecho un doblaje en el que los jóvenes de Texas parecen jóvenes de aquí, hablando como los de aquí, como si fueran latinos. --No exageres –ahora habla Kathy--. Que nosotros hemos leído muchos libros de otros países, traducidos al inglés, y nadie se queja. Ni nosotros tampoco.
--No me jodas, Kathy, que esto no es lo mismo –gruñó Tommy--. Además, veo que, mientras en la versión original cualquier actor habla con el acento de su Estado natal, aquí todos, en el doblaje, hablan con el mismo acento español. Así, me parecían todos los personajes iguales. ¿Es que aquí hacen las cosas así de chapuceras? --Coño, no sabía que tu novio fuera de la Real Academia de la Lengua –opinó Susagna, divertida. Tommy no sabía bien qué significaba aquello de la “Real Academia...”, etcétera. Tuvieron que explicárselo entre las dos (Kathy ya sabía que es la Real Academia). --Huy, si pudieses oír los doblajes en catalán, que todo el mundo parece salido de una novela de Josep Pla... –dijo ahora Modest, rematando aquello. --¿Son malos? –preguntó Kathy. --Oh, no, hay de todo: buenos y malos... pero dejémoslo estar, ¿de acuerdo? Hablemos ahora de otra cosa: ¿es verdad que tu hermana y su novio Jarvis posarán desnudos para un dibujo de ella? --¿Quién te lo ha dicho...? –preguntaba asombrada Kathy, que no se lo creía. --Nadie; lo escuché antes de salir a la calle con mi novio. Decía que mañana, Judy y Jarvis irán al estudio del amigo pintor y allí harán eso –respondió Susagna, tranquila, como si no fuera nada importante. --Caramba, estos chicos –comentó Tommy--, “S’han fet un pa com unes hòsties”.Esto último lo dijo en catalán, con acento americano, claro –la frase, traducida al castellano, era “buena la han montado”--, y dejó asombrados a Susagna y a Modest, sobre todo. Kathy, como no conocía la lengua catalana (conocía alguna palabra ó frase, pero no ésta), no se asombró mucho por que no entendió nada. --¿Qué has dicho? –preguntaba Modest. --Pues... “S’han fet un pa com unes hòsties”..., una... una frase que se la oí decir a vuestra madre, Mónica, que como es de aquí dice muchas como ésta... pero no sé qué coño significa... –pareció ruborizarse. Ellos se la tradujeron al castellano (recordemos, es “Buena la han montado”), y les hizo gracia, más que por otra cosa, por lo curioso que les resultaba, como todo lo que veían en Catalunya desde que estaban allí. Algo, en definitiva, que les pasa a los que visitan otro país. Pero en el caso de los americanos, quizá a veces alcanza grados peculiares.