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dimecres, 7 de setembre del 2011

FIN DE SEMANA (CAPÍTULO III)





CAPÍTULO III


Se encontraron en el mismo sitio que habían dicho, y ella sugirió ir a un restaurante coqueto, tranquilo y de buenos precios, allá en La Pobla de Segur, que ella conocía, a donde ya había ido a comer alguna vez con sus ex novios. Cuando llegaron allí y se sentaron en una mesa para dos, el uno enfrente de la otra, en tono de broma, se dijeron cosas como “Gracias, colega” y “De nada, titi”. Antes de decirle al camarero qué querían comer de primer plato, ellos hablaban:
--¿Qué quieres comer? –preguntó ella.
--No sé. Quizá... eeeeehm... carne empanada de cerdo con patatas fritas, ó paella valenciana, ó pollo frito. El rollo éste de la gastronomía no es lo mío –se disculpó Jaume, leyendo atentamente el menú.
--Tampoco es la mía –respondió Rebeca, sonriéndole de manera complaciente, y haciendo también una “caída de ojos” algo sospechosa--. Tío, ya sé que esto no es el Maxim’s de París ese, pero aquí podemos cenar dabuti con cualquier cosa buena... eh, perdona –se dio cuenta de que estaba soltando chorradas--, es que quiero hablar de algo... Cuando salgo con amigos, siempre lo hago, para conocernos mejor.
--Me parece muy bien –contestó Jaume, hablando tranquilo y mirándola fijamente a los ojos, mientras, disimuladamente, acercaba una mano suya a una de las de ella, para cogerla suavemente--. No sé, Rebeca, pero... pero... creo que... ehm... –tampoco se le ocurría de qué hablar—perdona por la pregunta idiota, Rebeca: si algún hombre te preguntara si quiere casarse con una mujer que ha conocido tres días antes, ¿le dirías que sí, ó que habría que esperar algún tiempo para conocerse bien antes?
--¿Eh? ¿Quieres decir que si sería mejor casarse ya mismo ó esperar?
--Sí, eso es.
--Ehm... creo que sí, que mejor es esperarse, que si ella y él fueran tan diferentes como un huevo de una castaña, el matrimonio sería un fracaso, tío –contestó la chica, pensándoselo bien.
--Ya, yo también pienso eso mismo. Tienes que esperar, para ver si se conocen muy bien y saber si están hechos el uno para el otro. No me molaría que me propusieran casarme ya, así de golpe, sin conocer bien a la chica con la que estoy. Sería una chorrada, y esto hubiera pasado si me hubiera casado con Mireia. No estoy en contra del matrimonio, pero si la pareja no funciona bien, como nos pasaba a ella y a mí, casarse hubiera sido perder el tiempo.
--¿Por qué me preguntas esto, Jaume? ¿Es por si yo te propusiera casarte conmigo? –preguntó Rebeca, con un poco de mala leche.
--Eh... yo... no sé, Rebeca... era por hablar de algo. Eres una chica muy agradable, y me encanta hablar contigo. Lo que pasa es que... es que.. –parecía que le costa mucho decir lo que quería— es que cuando estoy con una tía me quedo cortado... y aun me pasa... y entonces no sé bien qué decir.
--Ah, sí, tú tranquilo, Jaume –contestó ella, comprensiva--. Sé bien qué es eso, ya que, aunque me veas así tan descarada, yo también soy tímida. Quizá es una manera de defenderte ante los demás, que si te ven demasiado vulnerable, se te comen viva. Y esto lo es mucha gente: mira tú a la Madonna, que aunque vaya de descarada, hasta de bisex, aun teniendo dos hijos, en el fondo es otra tímida más. Nadie es perfecto, coño. Y volviendo a lo del matrimonio, hombre, creo que quieres decirme que quieres ser amigo mío, y si no, mi novio, ¿no?
--Mujer, yo… no quería decirte eso. Eh, yo… me gustas, sí… me gustas mucho… pero muchas mujeres proponéis matrimonio a la menor oportunidad… y yo, por ahora, no me mola, no estoy preparado para ser marido. No por miedo, sino por que no me veo aun preparado. Tendría que esperar algún tiempo.
Hablaba él con esfuerzo, midiendo cada palabra, ya que no quería para nada ofender a Rebeca, que se comportaba perfectamente con él. Y Jaume eso lo tenía bien claro: a una mujer inteligente siempre la respetaría y nunca soportaría ofenderla, algo que nunca se perdonaría. Y quizá por que Rebeca tenía un lejano parecido con su ex novia Mireia Jofre, y más de una vez había pensado en que si alguna vez volvía a tener novia, compañera ó lo que fuese, tendría que ser como Mireia. Y ella también era rubia, como Rebeca. Y cada uno de los dos parecía que, cada uno a su manera, quería ligarse al otro. Ella estaba ya harta de estar sola, y le molaban los chicos como Jaume, mucho más que los que son como su ex novio Llorenç. Por lo menos los que no le salen con los rollos de ganar dinero, ganar dinero y ganar dinero, fardando además de ello.
Cuando Jaume le soltó aquel discursito, Rebeca, sonriéndole, le dijo:
--Jaume, yo tampoco estoy preparada para ser esposa. Pero para ser amiga ó novia tuya, sí. ¿Por qué no? Además, parece que… bien, vayamos al grano, Jaume. Me gustas también, eres muy tierno, muy sensible, me tratas como a una persona… Mireia debió de sentirse felíz contigo, pero no hablemos del pasado…
--Entonces, ¿quieres ser mi amiga?
--Mucho más que eso.
Entonces, Rebeca se incorporó un poco, alargó su rostro por encima de la mesa acercándolo al de Jaume. Éste comprendió y también alargó el suyo hacía el de ella. Ya se darán cuenta de que iban a besarse en la boca. Pues esto lo hicieron muy rápido; de todas maneras, fue ella quien puso más pasión en ello, aunque al ser el primer beso y además sin usar las manos, fue breve, de unos seis segundos. Decidieron repetirlo y alargaron ahora los brazos, posando las manos sobre los hombros del otro. Rebeca volvió a poner más pasión en el beso, absolutamente tierno, quizá contenta de haber encontrado a otro hombre de su vida. Jaume puso ahora más pasión, también afortunado y contento de estar con una criatura tan maravillosa, como la veía él (cuando alguien se enamora, ve al principio las cosas así de idealizadas).
Cuando pararon, se acercó el camarero, que les preguntó, poniendo una sonrisilla irónica:
--¿Los señores quieren ya el segundo plato?
--¿Cómo...? –preguntaron ellos, sin entender aquella pregunta, sabiendo que aun ni siquiera habían pedido el menú.
--Digo que si ustedes quieren ya el segundo plato, ya que se han comido el primero –esto lo decía el hombre intentando, en el fondo, conservar una seriedad al estilo inglés, circunspecta e imperturbable.
Los dos rieron. Tuvieron que hacerlo tapándose la boca con la mano. Después pidieron los platos para cenar: primero, paella valenciana, y de segundo, pollo asado con patatas fritas. Para postre, helados, de vainilla él y de fresa ella. Mientras cenaban siguieron hablando de sus cosas.
--¿Cuándo te enamoraste por primera vez? –preguntó Rebeca. ¿En el colegio, como todos?
--Sí, Rebeca. Fue una chica muy mona, que estudiaba para ser economista.Creo que se llamaba... eeem... --intentaba acordarse del nombre de aquella chica-- Vileta. Yo tenía 16 años, y ella también. Por aquel entonces yo era muy tímido, y no me atrevía a acercarme a ellay hablarle. Recuerdo que la seguí cuando se iba a su casa, algo que he hecho mucho cuando he visto una chica que me gustaba. Lo que pasaba es que cuandoestaba a su lado no me atrevía a decirle ni siquiera buenos días (esto era al principio; luego ya sabía hablarles).
“Bien, Violeta tenía novio, y yo miraba al chico con un poco de rabia y celos, sobre todo cuando se morreaban... Yo pensaba darle al guaperas de mierda aquel una patada y enviarlo a Saturno, pero luego se me pasaba, ya que no tenía derecho a meterme en la vida de los demás, que ella ya se había enamorado de otro antes que yo. Y, total, más adelante ya aparecería otra.
--¿Y sólo fue enamorarte de ella? ¿Nunca hubo contacto físico? --preguntó Rebeca, muy interesada en el tema.
--Sí lo hubo, pero más tarde, cuando Violeta y su novio cortaron por que no se llevaban bien, como Mireia y yo después. Yo me acerqué a ella, y no sé cómo fue, hablé con ella, le consolé, ya que estaba muy triste por lo que le había pasado con aquel chico, que se llamaba Ferran, y nos citamos para salir ir al cine el Sábado... Aquí empezó todo, y cuando salimos del cine me invitó air a su casa. Y entonces no estaban sus padres. Empezamos a hacernos caricias, suaves, claro, y acabamos besándonos, abrazados y caídos por el suelo, revolcándonos. No sé cómo pasó, ya que todo fue bastante rápido, y el tiempo pasó tan rápido que ni siquiera nos dimos cuenta ella y yo...
--¿Y... qué pasó luego?
--Seguimos saliendo muchas veces, durante tres meses, pero empezamos a tener problemas, como los que he vuelto a tener con Mireia, y lo dejamos, también amistosamente. Pero nos portamos muy bien, y de vez en cuando nos telefoneamos y salimos con amigos.
Siguieron cenando, y cuando acabaron se marcharon, yendo a un bar de la misma calle, muy lleno de gente. Allí tomaron unas copas, poniéndose más cariñosos que antes, al sentarse en una pequeña mesa, en un rincón, muy juntitos. Se gastaban bromas, morreos y otras cosillas sin importancia. Y él le dijo a ella:
--Rebeca, ¿qué te parece que nos vayamos al hotel en donde yo duermo, y en mi habitación hablamos tranquilos sin nadie que nos moleste?
--Sí, cariño –dijo Rebeca, muy cariñosa--. Antes telefoneo a mis tíos, y les digo que ésta noche estoy en Tremp, que unos amigos míos de allí me dejan pasar la noche en su casa. Esto ya se lo solté otras veces, y no se han quejado.
--Ah, muy bien –contestó Jaume, haciéndole caricias a Rebeca en la oreja izquierda--. Haz esa llamada, que yo espero. Si no tienes suelto, puedo dejártelo.
--Ah, gracias, cariño –respondió la chica, que agradecía el detalle, con una de esas sonrisas capaces de poner nervioso al hombre más presuntamente duro e impasible--. Pero no te molestes. Tengo mucho suelto. Será un momento.
Y telefoneó a sus tíos, que aceptaron la ausencia esa noche de su sobrina, quizá por aquello de que ella ya vive su vida, y saben bien que sus amigos se han ofrecido mucho para que pasara la noche en sus casas, no sabemos si por que intentaran ligársela y llevársela a la cama… Cuando acabó la llamada, colgó el auricular, regresó al lado de Jaume, le devolvió el dinero suelto dejándose lo en la mano derecha extendida, y sentándose a su lado izquierdo y apoyando su preciosa cabeza con su no menos preciosa melena en el pecho de él (todo esto a la vez), le miró de reojo y le dijo:
--Ya está, nano. Se lo han tragado todo. Hasta podría haberles dicho que me he ligado a un marciano, y se lo hubieran tragado igual. Ya podemos irnos.
Después de decir esto, se levantó, y él también, pagando luego todo en la barra y dejando una propina para el camarero.
Salieron a la calle, juntos y cogidos de la mano, hacía el hotel. Pero, justo cuando pisaron la calle, Jaume creyó que cerca de ellos pasaba un hombre que se parecía mucho a uno de los feos que aquella mañana pelearon con él y fue perseguido, matando a uno de ellos. Tembló un poco, aunque de manera imperceptible, y procuraba caminar más rápido, girando un poco la cabeza para que no se le viese bien la cara, y así el feo (que iba por la acera del otro lado de la calle) no le viese. Además, Jaume recordaba que iba con Rebeca, y no quería que le viese, por que si le veía, el feo le mataría, y a Rebeca también, por ser posible testigo. Y sabía él que ella era inocente, que no tenía nada que ver con sus rollos. Se le ocurrió ponerse a hacerle caricias y besos, así, repentinamente, y ella, riendo (por que le gustaba y por que él le hacía cosquillas), se lo creía.
Llegaron al hotel, y Jaume pidió la llave de su habitación. Rebeca se quedó un poco alejada de él para que el conserje no la viera. Claro que hacer eso no era necesario, pero ella lo hacía así. Subieron allí, y después de entrar allá y cerrar la puerta, ella se sentó sobre la cama, por el lado izquierdo, y resopló de alivio.
--¡Uf! ¡He caminado mucho! ¿Tú no estás cansado también? –y se tumbó sobre la cama, poniéndose las manos detrás del cogote y mirando el techo.
--No, aun no, Rebeca. Oye, ¿nunca has visto esto?
--¿Qué es, nano?
--Es una foto dedicada de Sting, el cantante. Estuve en aquella actuación que el hizo en Barcelona por los derechos humanos, con otros cantantes. Estaban Bruce Springsteen y otros que no me acuerdo.
Rebeca se incorporó un poco sobre la cama para coger la foto y mirarla bien.
--Je, je, aquí el Sting tenía siete kilómetros de pelo –comentó ella, sarcástica.
Se rieron los dos. Rebeca dejó la foto encima de la cama y se acercó a Jaume, sin dejar de sonreír. Él estaba cerca de la pared, y se abrazaron con suavidad, para besarse seguidamente en la boca con más pasión, si cabe. Jaume se arrimó más a la pared, sin dejar de abrazarla y besarla, para poco a poco dejarse resbalar por ella hacía abajo, acabando los dos por el suelo, ella encima, él debajo. No paraba el beso, la verdad. Las caricias eran ya de puro deseo, el preludio de algo más subido de tono. Pero no querían abusar, no querían ir demasiado deprisa. Tenían mucho tiempo para hacer lo que viniera después, así que continuaron con otras cosas, como que ella le besara el cuello a él, para acto seguido, poco a poco y con suavidad, manteniéndola abrazada firmemente a él, darse media vuelta para cambiar la posición de ambos, es decir, él encima y ella debajo.
Paran un momento para mirarse. Vuelven a sonreír. Acto seguido, los labios de ambos se acercaron uno a otro para volver a hacer otro beso largo, vislumbrándose de vez en cuando las lenguas de ambos en medio de los labios gruesos de ella y los no tan gruesos de él.

CAP DE SETMANA (CAPÍTOL II)






CAPÍTOL II


Mentrestant, la Rebeca va anar-se cap a casa els seus oncles, i en arribar cap allà es va abraçar amb ells. Ells es deien Josep Ramon Lamadrid Viladegut, ell, i Valentina Esplugues Junquera, ella. Ell era un home una mica gras, amb una mica de panxa, 1’75 d’alçada, cabell i barba bruns i amb cura, i ulls verds. El mateix aspecte té la seva muller, encara que, és clar, ella no portava barba ni tampoc panxa. Diguem-ne, ella tenia cura, i tenia d’aquell aspecte d’una madura interessant, encara capaç de despertar passions entre els homes, tant els de la seva edat com els més grans i fins i tot entre els més joves.
També son força diferents el seu caràcter, ja que ella és molt simpàtica, i ell, en canvi, és a vegades antipàtic i iracund, tot i que de bon cor. Eren el complement l’un de l’altre, aleshores. I aquell era un d’aqueixos dies en que això s’hi veia.
--Hola, oncle –el va saludar la Rebeca--. Que tens avui molta o poca de la mala llet que acostumes?
--Rebeca, sempre amb els teus sarcasmes –va comentar de mala gana una mica aspra l’oncle Josep Ramon, que mai no hi havia aguantat el caràcter espontani, descarat i desllenguat de la seva neboda.
--Què tal, Rebeca? Com van les coses a Barcelona? –va preguntar la tia Valentina.
--Força bé, tia Valentina. Ara, estic de vacances. Potser hi seré aquí alguns dies, i desprès hi tornaré –va explicar la rossa, en asseure al sofà de la sala i creuar les cames.
--Que hi has trobat un altre nuvi? –va preguntar l’oncle.
--Altre cop? –va exclamar la noia, una mica cansada d’aquella ximpleria--. Ja fa quatre mesos que vaig tallar amb en Llorenç, i sí, vull trobar-m’hi un altre noi, però tinc que esperar, fotre. Que això no en surt tant de ràpid com a les pel.lis.
--Bestieses! –digué l’oncle--. Sempre digueu les dones les mateixes bestieses, i així no us en mengeu una rosca! –en dir aquesta darrera frase, somrigué sardònicament.
--Bah, si als paios us passa el mateix! Com si vosaltres sigueu perfectes! –va contraatacar ella.
--Ep... potser sí... –ell es va posar roig per la vergonya--. Jo...
--És que gairebé tots els paios sou molt masclistes.
--Quina calúmnia! Quantes bestieses diues, nena!
--I que no ets masclista, Josep Ramon? –ara interve aquí la tia Valentina, potser que prenia valor amb l’actitud valenta de la seva neboda--. Si això ho sabré jo...! Rai que el nostre únic fill baró, l’Àngel, no és pas com tu.
--Sí, és clar! Com a ell l’agrada llegir de totes coses, fins i tot els prospects de les medicines, en llegir tant de llibres, ha après coses que a mi m’hi ha deixada com una poca-solta.
--Home, això no passaria si llegessis alguna cosa més que no pas només Sport, El Mundo Deportivo i els còmics.
--I la Paula? I la Valentina? Les teves filles tenen massa semblant, amb tu... i l’Àngel també. Perquè cap dels nostres fills no s’assemblen, a mi?
La Rebeca, en sentir la menció dels seus cosins, va voler canviar de tema i preguntar-lis per ells.
--Els cosins, que continuen amb la mateixa feina, o ja hi tenen una altra?
--Sí, Rebeca –va respondre l’oncle--: la Paula hi treballa a un Banc de Lleida, i ve per aquí els caps de setmana. Hi arribarà aquesta tarda. I l’Àngel, que vol ésser actor, ara hi treballa en això del doblatge.
--Doblatge? –es va meravellar, la Rebeca--. I l’han contractada molt ràpid, o hi ha tingut que esperar, o tenia d’algun enxufe? És que diuen que el doblatge és tancat, i que només doblen els quatre paios de sempre.
--No, el van fer una prova, desprès d’haver passat un curs de doblatge que l’ha costat una pila de pasta, uns 1.800 € en divuit mesos. Per pagar-s’ho, hi ha tingut tota mena de feines: repartir la llet, ésser funcionari d’algun Ajuntament de la vora de Barcelona durant sis mesos, cambrer, acomodador de cinema... Quan arribi cap aquí, ja li preguntaràs sobre això. Jo, ara no ho sé...
--I la Paula, li va bé amb aquell nòvio seu, encara que ell hi viu a Sabadell i ella a Lleida?
--Sí, li va bé. S’hi truquen pel telèfon tots els dies i s’hi veuen caps de setmana i festius. Ell hi treballa a un altre Banc, allà a Sabadell.
--Com es deia ell? Àlex?
--No, Andreu –va recordar la tia Valentina.
--Ah, això, Andreu, un noi molt maco. Avui hi vindran tots dos junts. Encara no hi han decidit si s’aniran per viure plegats, però si fóra així, un dels dos tindrà que deixar la seva feina i buscar-se’n una altra.
--I l’Àngel, que té núvia o no?
--Ui, sí, l’Àngel sempre ha estat un as, en això. A més, en aqueixa feina del doblatge hi ha lligat amb una companya de la professió. No me’n recordo com es diu ella, potser Gaietana Biosca, però ens l’ha portada aquí alguna vegada. Una noia molt maca.
--Una parella de dobladors? Quin guai, tu!
--No, si en aquest petit món és ben normal, tu. N’hi ha moltíssimes famílies de dobladors, on els pares i els fills es dediquen a això. Mite’l en... eeeehm... en Rogelio Hernández, la seva muller, la Rosa Guiñón, i la seva filla Rosa Maria, tots dedicats a això. I els Peña, els Posada, els Angelat, els Mediavilla... Així és com ens ho van contar tots dos.
--Sí, tia –va contestar la Rebeca, asseguda millor al sofà.
Una mica més tard, ella els va contar:
--Ep, vosaltres, aquesta nit hi soparé fora d’aquí. Un amic meu m’hi ha convidat.
--Que és algú dels amics que hi tenies, aquí a La Pobla? –va preguntar en Josep Ramon, fregant-se una mica la barba.
--Ehm... sí, és un d’aqueixos –va contestar la Rebeca, mentint, ja que coneixia la fal.lera dels seus oncles, ficar el nas en la seva vida privada o bé criticar el tipus d’amics que ella se’n buscava, sobretot quan ella se n’anava de marxa nocturna. I com en Jaume Sariñena era un desconegut al qual va conèixer aquell mateix dia, per si de cas, va preferir mentir. En un altre moment ja s’atreviria a dir-lis tota la veritat.
Més tard, van arribar les parelles Paula-Andreu i Àngel-Gaietana, i van parlar de les seves coses, fent molt broma, com sempre que ells s’hi veuen. Més endavant, la Rebeca va acabar d’endegar-se per anar-se a la cita amb en Jaume. Encara va tenir que escoltar les bromes reservades per ella pels seus parents, de que si s’hi veia amb algun lligue seu.
Però, ara sí, va anar-se per trobar-s’hi amb ell. Ell s’havia canviat la seva samarreta verda fosca del matí per una camisa color rosa fúcsia. La resta era la mateixa roba d’aquell matí, llevat de les sabates en compte de les sabatilles esportives.

FIN DE SEMANA (CAPÍTULO II)





CAPÍTULO II


Mientras tanto, Rebeca fue a casa de sus tíos, y al llegar allá se abrazó con ellos. Ellos se llamaban Josep Ramon Lamadrid Viladegut, él, y Valentina Esplugues Junquera, ella. Él era un hombre algo gordo, con un poco de barriga, 1’75 de estatura, pelo y barba morenos y cuidados, y ojos verdes. Las mismas señas tiene su esposa, aunque, claro, ella no llevaba ni barba ni tampoco barriga. Vamos, ella se cuidaba bien, y tenía ese aspecto de madura interesante, aun capaz de despertar pasiones entre los hombres, tanto los de su edad como los más mayores e incluso entre los más jóvenes.
También son bastante diferentes su carácter, ya que ella es muy simpática, y él, en cambio, es a veces antipático e iracundo, aunque de buen corazón. Eran el complemento el uno del otro, entonces. Y aquél era uno de esos días en que esto se vislumbraba.
--Hola, tío –le saludó Rebeca--. ¿Tienes hoy mucho ó poco de tu mala leche de costumbre?
--Rebeca, siempre con tus sarcasmos –comentó de manera algo áspera el tío Josep Ramon, que nunca había tragado muy bien el carácter espontáneo, deslenguado y descarado de su sobrina.
--¿Qué tal, Rebeca? ¿Cómo van las cosas por Barcelona? –preguntó la tía Valentina.
--Bastante bien, tía Valentina. Ahora estoy de vacaciones. Quizá estaré aquí unos días y luego volveré allá –explicó la rubia, al sentarse en el sofá de la salita y cruzar las piernas.
--¿Has encontrado otro novio? –preguntó el tío.
--¿Otra vez? –exclamó la chica, un poco cansada de aquel rollo--. Ya hace cuatro meses que corté con Llorenç, y sí, quiero encontrar otro chico, pero tengo que esperar, joder. Que esto no sale tan rápido como en las pelis.
--¡Chorradas! –dijo el tío--. ¡Siempre las mujeres decís las mismas chorradas, y así no os coméis una rosca! –al decir esto último, sonrió sardónicamente.
--¡Bah, si a los tíos os pasa lo mismo! ¡Como si fuerais perfectos! –contraatacó ella.
--Eh... quizá sí... –él se puso de puro rojo por el pudor— yo...
--Es que casi todos los tíos sois muy machistas.
--¡Qué calumnia! ¡Cuántas chorradas dices, nena!
--¿Y no eres machista, Josep Ramon? –ahora interviene la tía Valentina, quizá tomando valor por la pose valiente de su sobrina--. ¡Si lo sabré yo...! Menos mal que nuestro único hijo varón, Ángel, no es como tú.
--¡Sí, claro! Como a él le gusta leer de todo, hasta los prospectos de las medicinas, al leer tanto libro, ha aprendido cosas que a mí me dejan como un gilipollas.
--Hombre, eso no pasaría si leyeses algo más que el Sport, El Mundo Deportivo y los tebeos.
--¿Y Paula? ¿Y Valentina? Tus hijas se parecen demasiado a ti... y Ángel también. ¿Por qué alguno de nuestros hijos no ha salido a mí?
Rebeca, al oír nombrar a sus primos, quiso cambiar de tema y preguntarles por ellos.
--¿Los primos siguen con la misma feina, ó ya tienen otro?
--Sí, Rebeca –contestó el tío--: La Paula trabaja en un Banco de Lleida, y viene por aquí los fines de semana. Llegará ésta tarde. Y el Ángel, que quiere ser actor, ahora trabaja en Barcelona en la cosa esa del doblaje.
--¿De doblaje? –se maravilló Rebeca--. ¿Y lo han contratado muy rápido, ó ha tenido que esperar, ó tenía enchufes? Es que el doblaje, dicen que está cerrado y todas las pelis las doblan los cuatro gatos de siempre.
--No, le hicieron una prueba, después de haber hecho un curso de doblaje que le ha costado una porrada de pasta, unos 1.800 € en dieciocho meses. Para pagárselo ha tenido que trabajar de todo: repartir leche, ser funcionario de un Ayuntamiento de los alrededores de Barcelona durante seis meses, camarero, acomodador de cine... Cuando llegue, ya le preguntas sobre esto. Yo no lo sé, ahora...
--¿Y Paula, le va bien con aquel novio suyo, aunque él vive en Sabadell y ella en Lleida?
--Sí, le va bien. Se llaman todos los días por teléfono y se ven fines de semana y festivos. Él trabaja en otro Banco, allí en Sabadell.
--¿Cómo se llamaba él? ¿Àlex?
--No, Andreu –le recordó la tía Valentina.
--Ah, eso, Andreu, un chico muy majo. Hoy vendrán aquí los dos juntos. Aun no han decidido si se irán a vivir juntos, pero si fuera así, uno de los dos tendrá que dejar su trabajo y buscarse otro.
--¿Y Ángel, tiene novia ó no?
--Huy, sí, Ángel siempre ha sido un hacha en eso. Además, en ese trabajo del doblaje, ha ligado con una compañera de profesión. No recuerdo cómo se llama ella, quizá Gaietana Biosca, pero nos la ha traído aquí alguna vez. Una chica muy maja.
--¿Una pareja de dobladores? ¡Qué guay!
--No, si en éste mundillo es normal, tú. Hay muchísimas familias de dobladores, donde los padres y los hijos se dedican a esto. Mira al... esteeeee... Rogelio Hernández, su esposa Rosa Guiñón y su hija Rosa Mª, todos dedicados a esto. Y los Peña, los Posada, los Angelat, los Mediavilla... Así es como nos lo contaron los dos.
--Sí, tía –contestó Rebeca, sentándose mejor en el sofá.
Un poco más tarde, ella les contó a sus tíos:
--Eh, vosotros, ésta noche cenaré fuera de aquí. Un amigo mío me ha invitado.
--¿Es alguien de los amigos que tenías aquí en La Pobla? –preguntó Josep Ramon, mesándose un poco la barba.
--Em... sí, es uno de esos –contestó Rebeca, mintiendo, ya que conocía la manía de sus tíos en entrometerse en su vida privada ó bien criticar el tipo de amigos que se buscaba, sobre todo cuando ella se iba de marcha nocturna. Y como Jaume Sariñena era un desconocido al que conoció ese mismo día, por si acaso, prefirió mentir. En otro momento ya se atrevería a decirles la verdad.
Más tarde llegaron allá las parejas Paula-Andreu y Ángel-Gaietana, y hablaron todos de sus cosas, bromeando mucho, como siempre que se ven. Más tarde, Rebeca acabó de arreglarse para ir a la cita con Jaume. Aun tuvo que escuchar las bromas reservadas para ella por sus parientes, de si se veía con algún ligue suyo.
Pero, ahora sí, fue a encontrarse con él. Él se había cambiado su camiseta verde oscura de la mañana por una camisa color rosa fucsia. El resto era la misma ropa de aquella mañana, salvo los zapatos en vez de las zapatillas deportivas.

CAP DE SETMANA (PRIMER CAPÍTOL)












CAP DE SETMANA (traducció al català)

CAP DE SETMANA

PRIMER CAPÍTOL

Aquella muntanya era força alta, tot i que no gaire, i amb moltes roques per totes bandes. En Jaume va córrer cap allà, perseguit per aquell parió lleig amb rostre de gàngster de còmic d’en Mortadel.lo i Filemó. En Jaume estava ben espantat, i corria molt. El camí ja feia cap amunt, i com ell ja era una mica cansat per la cursa, esbufegava.
Pujant per aquell camí estret, ja hi passava a la banda mateixa d’un barranc, que s’hi trobava a la dreta d’en Jaume. I ell es deia a si mateix que no era cap heroi, i per això fugia. Ja s’ho deia al seu pare, però aquest no el feia cap cas. Tot això dels herois és millor per les novel.les i pel cinema, però res... Va agafar la bossa d’esports, dins de la qual hi portava les seves coses, i se la va posar dessota del seu braç esquerré per portar-se-la millor, però en aquell moment el paio lleig se’l va tirar a sobre, fent-li caure per terra, força dura, amb alguna roca, alguns trossets d’herba i molt estret, que hi tenia allà mateix un barranc terrible d’uns quinze metres d’alçada, al qual el lleig volia tirar-l’hi.
En Jaume i ell van forcejar, el primer d’ells amb desesperació, amb l’afegitó de la por en veure-hi tant de prop la mort, segura si et queies per un barranc tant d’esquerdat com aquell. Volia soltar-se, però el lleig era molt fort. El peu d’en Jaume fregaba amb el sòl, ben fràgil, i alguna pedra es sortia del seu lloc, anant-se a parar finalment cap al fons del barranc. I continuaven lluitant.
De cop, en Jaume va fer un esforç i va aconseguir treure’s-ho de sobre. I va sentir-hi un xiscle, ben angoixant, horrible, que et deixa la pell de gallina, que recordava a algú que s’hi cau des d’un edifici de vuit pisos. Era que el lleig s’hi havia caigut pel barranc. Quan en Jaume, encara tremolant de la por i de la impressió, va mirar cap avall, va veure l’home que jeia al fons, de cap per avall, sense moure’s. Va esperar-se gairebé un minut, per veure si encara era viu, però res, semblava una estàtua. En Jaume era ben espantat. No es va atrevir a mirar-se’n més, s’aixecà i va tocar el dos, corrent, agafant abans la seva bossa d’esports. Es va treure el pols de la seva roba, ràpid, pel camí, de manera gairebé còmica, per aquell camí estret...
Hi han passat tres hores, i ara ja és migdia. En Jaume s’hi trobava fent auto-stop en una carretera, concretament la C-147, de Balaguer a Alòs de Gil, prop de Tremp, al tram Tremp-La Pobla de Segur. Feia molt de temps que en Jaume no hi veia d’aquesta carretera, que quan encara era un nen estava asfaltada molt malament, amb molts de forats i una mica estreta, igualment que moltes carreteres que hi havia en aquella época a l’Estat Espanyol, a la qual, desgraciadament, hi gobernava un homenet patufet, amb cap de cerilla sense encendre i veu de gall afònic. Ara està ben bé asfaltada i ampla, fa molt de gust conduir-hi, igualment que per una carretera que s’hi veu a la resta d’Europa.
Recordem que no som a l’época actual, sinò al començament de la dècada dels anys ’90, és a dir, a l’any 1990, per que moltes coses esmentades en aquest relat no els diran gaire a molts/moltes lectors/es actuals, així que desprès no es queixin. Ja descriurem quina cosa és això o aixà, si no l’entenen. Però si no l’enteneu, no és el nostre problema, sinò d’ells.
Bé, ell hi feia auto-stop, i hi havien passat dos cotxes. Però no s’aturaven per portar-se’l. En Jaume ja començava a impacientar-se’n una mica.
En Jaume Sariñena Alegret era un home d’uns 26 anys, alt, guapo, cabell i ulls castanys. S’hi trobava aquell cap de setmana del mes d’Agost per aquella zona de la comarca catalana del Pallars Jussà, a la província de Lleida, anant cap a la zona muntanyosa, que, estant a prop dels Pirineus, hi podien trobar-se gran quantitat de muntanyes. Però ara no se l’agafa cap cotxe. I això el fotia molt.
Però sembla que ara sí se l’agafarà un cotxe. Va veure aturar-s’hi un Rénault-5 dues portes de color taronja, i el conduia una noia. Aquesta va obrir el parabrises davanter dret, el del seient per a la persona que hi va a la banda del conductor, i va dir-li:
--Pots pujar, nano. On vas? –ella hi parlava amb una jerga una mica passota, però a l’estil català.
--A... a La Pobla de Segur –va contestar ell.
--Bé. Puja-te’n, nano. Jo també hi vaig cap allà, a veure els meus oncles.
En Jaume, de cop, i desprès no sabia perquè ho havia fet, volia pujar-se al cotxe, sí... però per la finestreta. Semblava que, en veure la noia i el seu físic espectacular, ell s’hi havia quedat una mica aturdit. Ella va renyar-s’ho, tot i que de manera irònica, no pas severament.
Ella era rossa, ulls blaus, cabell pentinat a l’estil grenya, diguem-ne un estil gairebé lleona anys ’80, un físic espectacular com el d’una “top model”, arracades d’argolla ben grans, els llavis pintats d’un color rosa pàl.lid gairebé brillant, vestit vermell minifalder, cames llargues i ben torneades... És a dir, una bellesa que torna bojos, literalment, els homes que la contemplin, tot i que soni tòpic. Si a tot això n’hi ha l’afegitò del seu tarannà desimvolt i espontani, tot l’altre s’entèn.
--Ei, tu, nano! Que t’has tornat torracollons? Que no pots entrar-hi obrint la porta, com fa tothom? –ella també va somriure irònicament.
--Sí, maca, perdona’m. A vegades em passen de bestieses com aquestes.
--Sí, i una d’aquestes bestieses és posar-te ben nerviòs en veure una tia bona com a jo, oi que no? És que tots els tois sempre acabeu igual.
--Potser és això, tia. Bé, què ens anem?
--“Yes, milord” –va contestar ella, posant veu d’home, tipus majordom anglès, fins i tot amb accent britànic, molt bé imitat--. Hi arrivarem volant. Brom, brom...!
Ell es va pujar al cotxe i van sortir cap a La Pobla de Segur. El camí era d’uns deu quilòmetres, al qual hi havien d’algunes corbes, però que eren suaus. Mentre hi anaven per ell, en Jaume i la noia van parlar molt, potser perquè ella volia fer-ho i era ben simpàtica. A més a més, ell li esqueia molt també, a ella.
--Ei, nano, com et dius? –el va preguntar.
--Jaume. Per servir-te, tia, si no t’ho fas gens bé.
--Oh, gràcies, nano... ep, Jaume, què ets de Barcelona?
--Sí, tia. Ara, hi resideixo a Rubí, fora de la ciutat. M’agrada més l’aire lliure. Hi treballo com a disc-jockey a una discoteca d’allà.
--Que tu ets el nano que posa els discos a la disco “El Vallès”? –el va preguntar ella, mirant-s’ho de reüll mentre conduia.
--Sí. Perquè? Que hi has anat per allà?
--No, és que uns amics em van parlar d’un poca-solta que en alguna discoteca d’allà només en posava de bestieses, ha, ha... i per un moment m’hi he pensat que potser d’aqueix poca-solta eres tu.
--Ah, comprenc –diguè ell, comprenent l’acudit ben dolent d’ella.
--No, feia broma, nano. Jo hi he anat per allà, i poses de coses molones. I això que avui treuen al mercat moltes merdes de discos –el va tranquil.litzar, fent-li una palmadeta a l’espatlla esquerra.
--És a dir, que t’has deixat caure per allà, oi que sí?
--Sí, Jaume, sí. I he mogut molt, l’esquelet. Bé, parlem-ne de coses més de trascendents, que sovint em mola més: em dic Rebeca.
--Rebeca?
--Sí, Rebeca Junquera i Ascó. Els meus vells em van posar d’aqueix nom per la pel.li d’en Hitchcock. Els cognoms et semblaran una lliçó de geografia catalana, perquè això semblem, els de la meva família, un llibre de Geografia. Tinc parents amb cognoms com a Figueres, Barcelona, Tortosa, Cervera, Burgos... Quan hi parlem d’algun indret al qual en volem viatjar, ens mirem algun dels parents, i aleshores hi decidim. Que et sembla genial, nano?
--Sí, tia. Ni tan sols jo mateix hi hagués ideat de bestieses semblants. Bé, tu, ¿en quina cosa hi treballes?
--Soc dependenta d’uns grans magatzems, encara que vaig fer estudis per guions cinematogràfics.
--Guionista? –es va interessar en Jaume.
--Sí, nano, guionista i totes d’aqueixes bestieses. Encara no hi he trobat ningú que l’interessin els guions que he escrit. Crec que a aqueixos directors poca-soltes que n’hi ha ara en aquest país no els interessen.
--Perquè? De quines coses hi parles, als teus guions?
--Res, Jaume: de coses quotidianes, coses d’avui, humanes, ben properes... A més a més, jo tracto de fer-ho des d’un punt de vista objectiu... una cosa que no pas sigui aqueixa visió poca-solta que s’hi fa en moltes pel.lícules, d’aqueix rotllo masclista de la “dona fatal” o la dona ximple que no té cervell... I, a més, no m’agrada fer de personatges femenins que durant tota la pel.lícula només es despullen i fan bestieses. Si elles tenen que despullar-se’n, que no estic en contra d’allò, hi hauria d’ésser només per un motiu, nano, no pas perquè al porquet del director el surti dels collons. I si nosaltres no fem d’això, no els mola treure’ns bé.
--Ja hi havia sentit d’això. N’estic d’acord.
--Ah, molt bé, nano. Això em mola quantitat.
--Quan lligo amb una noia, em fixo també en el cervell, no pas només en el cos d’ella.
--Fotre, nano, m’agraden els nanos que hi pensen així. M’agrades, saps?
--Gràcies, Rebeca. Tu també m’agrades.
--Tot això està bé per començar una relació o un “rollete”.
--Em sembles ben intel.ligent i encisadora, a més de maca. No faig d’amorets poca-soltes ni cursis.
--Ah, nano, això està molt bé. Mai no hi havia sentit un tio parlant-m’hi així. Que hi has conegut moltes, de noies?
--Sí, moltes. Fins fa poc de temps vaig tenir una nòvia, la Mireia, però vam tallar perquè ja no ens hi enteniem res.
--Què us va passar?
--Res, és que jo tinc moltes manies, i ella també. Vam deixar-ho, amistosament, i ara som bons amics. Jo la vaig dir que si ella tingués d’algun problema, jo tractaria d’ajudar-la. La Mireia va acceptar, i digué que si fóra a l’inrevés, també ella em faria d’ajuda. Ara ella té un nòvio, amb el qual s’hi cassarà aviat.
--Vau estar molt enamorats?
--Sí, és clar, moltíssim. I encara me l’estranyo molt. I tu, què tens nòvio?
--No. Ja no. El meu darrer nòvio es deia Lorenç. La meva relació amb ell va ser molt apassionada, igualment que hi haura estat la teva amb la Mireia. Jo, hi havia tingut molts lligues, però la cosa amb ells no en funcionava
gaire, fins que el vaig conèixer. Quan el vaig conèixer, a una discoteca d’estiù a la Costa Daurada, a Coma-ruga, jo creia que ja m’hi havia trobat, l’home de la meva vida i bestieses d’aquestes, però no; ell es empleat a un Banc, a Barcelona, i en un principi vam tenir una relació molt apassionada, jo era tota feliç, ell també. Quan hi erem tots dos plegats, sortiem per molts indrets, ens feiem de petons em molts racons, feiem l’amor... Però ell volia arribar molt lluny a la seva feina, ésser algú important, i arribava un moment que no ens hi veiem gaire... Allò va començar a fotre la relació, a poc a poc, i finalment, no vaig poder aguantar més...
--Ja, gràcies –en Jaume va pensar que la Rebeca ja l’hi havia contat suficient--. I desprès...?
--Sí, vam trencar, com la Mi... la Mireia i tu, amistosament, sense guerres de sexes ni bestieses. No sé jo si vaig ser una mica poca-solta, que vaig somniar al principi en una relació semblant als contes de fades. A més, jo no soc d’aqueixes ties que s’hi veien a Marbella, i no m’agraden pas els luxes, ni tant sols les bestieses que fan d’aquesta gent. I això volia en Llorenç que jo fes. Doncs, jo volia ésser guionista, i ell no en volia. En el fons, en Llorenç era una mica raret, i volia que jo fos economista, com la majoria de la seva família. Encara que això em semblava només un pretexte, ja que els que manegen la pasta només pensen en guanyar més y més. I jo, com faig de guions a l’estil de les pel.lis franceses, no pas com a les sèries-bestieses tipus “Falcon Crest” o “Dallas” (1): , se li va ocòrrer el suggerir-me la idea de fer-me economista. Em va costar molt convèncer-li, però va acceptar que això no podia ser... Això va ser una de les coses que van començar a enfrontar-me, amb ell. Però ja t’ho contarè un altre dia.
--No cal això, Rebeca –diguè en Jaume, en veure que ja hi arribaven cap a La Pobla de Segur i entraven per aquell carrer llarg i gran que recorreix gairebé tot el poble, passa per sobre el riu Flamicell i continúa fins esdevenir altre cop una carretera i continuar fins a Sort, a 29 quilòmetres.
El Rénault-5 de la Rebeca va aturar-se en aquell carrer, i ella le va dir:
--Bé, jo m’hi quedo aquí. Prop d’aquí hi viuen els meus oncles. Adéu, Jaume, i que t’ho facis bé. Ja ens veurem algun dia per Barcelona –el va donar una targeta de visita--. Aquí et dono la meva targeta, amb el meu número de telèfon mòbil.
--Gràcies, Rebeca. Ep... yo podria convidar-te a dinar a algun restaurant d’aquí. Que t’agradaria?
--D’acord, Jaume –va acceptar ella, somriguent. Jo pensava anar-me amb alguns amics i amigues meus. Sempre faig el mateix quan arribo per aquí... Però ens hi trobarem aquesta nit. Que ens hi veiem a les nou?
--Sí, és clar. Pren –ell també li dóna a ella una targeta de visita--, aquesta és la meva targeta, i també el número del mòbil. Ah, pots venir amb la mateixa roba que portes ara, no cal que et vesteixis igualment que si fossis a una audiència amb en Pujol a la Generalitat.
--Jo pensava dir-te el mateix, nano. M’odio els vestits cursis, em fan venir mareigs. Rai que als grans magatzems on hi treballo no t’hi fan portar d’uniforms molt... això.
--Fins desprès, Rebeca. Que ens hi trobem aquí mateix?
--Sí, em sembla molt bé. Fins desprès, Jaume.
I es van marxar, cadascú per la seva banda. La Rebeca a ca els seus oncles, i en Jaume en buscar una habitació en algun hotel d’allà.
Aquesta hi era en un primer pis, amb un llit força ample. Es va deixar caure per sobre d’ell, i va fer un esbufec ben llarg, igualment que un alleujament infinit. Era, és clar, per allò de que aquell matí hi havia estat a punt d’aclucar els ulls. Rai que es sentia ben al.liviat per haver-ne conegut una criatura tant de preciosa com la Rebeca Junquera.
Va recordar tot allò que l’havia passat, com va arribar a ficar-se en aquell embolic.
Hi passejava prop de Talarn, a dos quilòmetres de Tremp, el poble més important de la comarca del Pallars Jussà, molt més que no pas La Pobla de Segur. Ell hi passejava per la vora del poble, carregat amb la seva bossa de viatge. Aleshores hi va veure que a cent metres d’ell hi havia dues persones, un home i una dona. Ell li feia bufetades a ella amb la mà esquerrà, i ella tractava en va d’evitar-les. Ell era un home bru, alt, lleig i amb aspecte de pinxo. Ella, bruna, ulls castanys, alçada mitjana, i que anava, com ell, amb roba esportiva, verd clar ella i taronja ell. En Jaume es va apropar cap a ells.
--Ei, vostè! ¿Què cony li fa, a aquesta noia? –xisclà.
--Què carall se l’ha perdut a vostè aquí, tio? –el va preguntar ell, mirant-s’ho i parlant amb expressió de pinxo.
--Res. Deixeu-la estar, que la fa mal –va respondre en Jaume, imitant-se la veu de l’altre.
--Crec que ets un poca-solta, tio, i et vaig a donar una pallissa –diguè el lleig, que va deixar la dona a una banda per a lluitar amb en Jaume. Aquest va tremolar una mica, ja que ningú no es perfecte, i ell no és cap heroi, ja l’hi haviem dit. Però va intentar enfrontar-s’hi amb ell.
--Quina pallissa? –va preguntar en Jaume, tractant una mica d’intimidar-li.
--No sé, se m’ha acudit –va contestar el lleig.
I van forcejar. En Jaume li va fer un cop de puny, deixant-ho momentàniament a terra. Però va decidir tocar el dos, tot corrent, ja que sabia que d’aqueixos paios fan de venjances que, a la seva banda, en Jack El Destripador seria un faldilleta, amb perdó. I preferia tocar el dos molt ràpid.
Però allà prop s’hi trobava un altre home, també lleig, que devia ser amic de l’altre. Va deure veure-ho tot, perquè va començar a perseguir Jaume i cridar-li que s’aturés, enmig de juraments de tot tipus, al seu llenguatge. En Jaume corria, portant a la mà la seva bossa d’esports.
La resta, ja la coneixen ben bé. En Jaume preferia oblidar, doncs ara d’aqueixos poca-soltes ja hi seran ben lluny (un de segur, a l’altre barri), i va descansar una estona, abans d’endegar-se’n i posar-se ben maco. Maco, ja ho era, però amb endegar-se’n, ja estava molt més maco.

FIN DE SEMANA (CAPÍTULO PRIMERO)














FIN DE SEMANA

CAPÍTULO PRIMERO


La montaña aquella era bastante alta, aunque no mucho, y con muchas rocas por todos lados. Jaume corrió hasta allí, perseguido por aquel tío feo con cara de gángster de tebeo de Mortadelo y Filemón. Jaume estaba asustado y corría mucho. El camino ya hacía cuesta arriba, y como él ya estaba algo cansado por la carrerita, resoplaba.
Subiendo por aquel camino estrecho, ya pasaba al lado mismo de un barranco, que se encontraba a la derecha de Jaume. Y él se decía a sí mismo que no era ningun héroe, y por eso huía. Ya se lo decía a su padre, pero éste no le hacía ningun caso. Todo eso de los héroes es mejor para las novelas y para el cine, pero nada... Cogió la bolsa de deportes que llevaba con sus cosas y se la puso debajo de su brazo izquierdo para llevarla mejor, pero en ese momento el tío feo aquel se le tiró encima, haciéndole caerse al suelo, bastante duro, con alguna roca, algunos trocitos de hierba y muy estrecho, que tenía allí mismo un barranco tremendo de unos quince metros de altura, al cual quería tirarle el feo.
Jaume y él forcejearon, el primero de ellos con desesperación, con el pánico añadido de ver tan de cerca la muerte, segura si te caías por un barranco tan encrespado como aquel. Quería soltarse, pero el feo tenía mucha fuerza. El pie de Jaume pisaba el suelo, muy quebradizo, y alguna piedra se salía de su sitio, cayéndose rodando al fondo del barranco. Y seguían forcejeando.
De pronto, Jaume hizo un esfuerzo y consiguió quitárselo de encima. Y oyó un grito, muy angustioso, horrible, que te deja la piel de gallina, que recordaba a alguien que se caía de lo alto de un edificio de ocho pisos. Era que el feo se había caído por el barranco. Cuando Jaume, aun temblando de miedo y de la impresión, miró abajo, vio al hombre que yacía al fondo, cabeza abajo, sin moverse. Esperó casi un minuto, a ver si aun estaba vivo, pero nada, parecía una estatua. Jaume estaba asustado. No se atrevió a mirar más, se levantó y se largó de allí, corriendo, cogiendo antes su bolsa de deportes. . Se fue sacudiendo el polvo de la ropa, deprisa, por el camino, de manera casi cómica, por aquel camino estrecho…
Han pasado tres horas, y ahora ya es mediodía. Jaume se encontraba haciendo auto-stop en una carretera, concretamente la C-147, de Balaguer a Alòs de Gil, cerca de Tremp, en el tramo Tremp-La Pobla de Segur. Hacía mucho tiempo que Jaume no veía ésta carretera, que cuando era un niño estaba muy mal asfaltada, con mucho bache y algo estrecha, como muchas de las carreteras que en esa época tenía el Estado español, cuando en él, desgraciadamente, gobernaba un hombrecillo pequeñazo, con cabeza de cerilla sin encender y voz de gallo afónico. Ahora está muy bien asfaltada y ancha, da gusto circular por ella, como una carretera de las que se ven en el resto de Europa.
Recordemos que no estamos en la época actual, sino a principios de la década de los años ’90, es decir, en el año 1990, por lo que muchas de las cosas mencionadas en éste relato no les sonarán de mucho a muchos/as lectores/as actuales, así que luego no se vayan quejando. Ya describiremos qué es cada cosa, si no la entienden. Pero si no la entienden bien, no es nuestro problema, sino de ellos.
Bien, él hacía auto-stop, y habían pasado dos coches. Pero no se paraban para recogerle. Jaume ya se impacientaba un poco.
Jaume Sariñena Alegret era un hombre de unos 26 años, alto, guapo, pelo y ojos castaños. Se encontraba aquel fin de semana del mes de Agosto por aquella zona de la comarca catalana del Pallars Jussà, en la provincia de Lleida, yendo hacía la zona montañosa, que siendo cerca de los Pirineos, podían encontrarse cantidad de montañas. Pero ahora no le coge ningun coche. Y eso le fastidiaba mucho.
Pero parece que ahora sí le cogerá un coche. Vio pararse un Renault-5 dos puertas de color naranja, y lo conducía una chica. Ésta abrió el parabrisas delantero derecho, el del asiento para la persona que va al lado del conductor, y le dijo:
--Puedes subirte, nano. ¿A dónde vas? –ella hablaba con una jerga algo pasota, pero al estilo catalán.
--A… a La Pobla de Segur –contestó él.
--Bien. Súbete, nano. Yo también me voy allí, a ver a mis tíos.
Jaume, de repente, y no sabía luego por qué lo había hecho, quería subirse al coche, sí… pero por la ventanilla. Parecía que al ver a la chica y su físico espectacular se había quedado un poco aturdido. Ella lo riñó, aunque de manera irónica, no severamente.
Ella era rubia, ojos azules, cabello peinado de manera tipo greña, digamos cási estilo leona años '80, físico espectacular como de top-model, pendientes de argolla muy grandes, labios pintados de color rosa pálido cási brillante, vestido rojo minifaldero, piernas largas y bien torneadas... Vamos, una belleza que vuelve locos, literalmente, a los hombres que la contemplen, aunque suene tópico. Si a eso añades su manera de ser desenvuelta y espontánea, se entiende todo lo anterior.
--¡Eh, tú, nano! ¿Te has vuelto gilipollas? ¿No puedes entrar abriendo la puerta, como todo el mundo? –ella sonrió también de manera irónica.
--Sí, maca, perdóname. A veces me pasan chorradas como éstas…
--Sí, y una de ellas es ponerte nervioso al ver una tía buena como yo, ¿no? Es que todos los tíos siempre acabais igual.
--Quizá es eso, tía. Bien, ¿nos vamos?
--Yes, milord –respondió ella, poniendo voz de hombre, tipo mayordomo inglés, con acento inglés británico incluído, bien
imitado--. Llegaremos volando. ¡Brom, brom…!
Se subió él al coche y salieron hacía La Pobla de Segur. El camino era de unos diez kilómetros, en el cual había algunas curvas, pero suaves. Mientras iban por él, Jaume y la chica hablaron mucho, quizá por que ella quiso hacerlo y era muy simpática. Además, él le caía también muy bien a ella.
--Eh, nano, ¿cómo te llamas? –le preguntó.
--Jaume. Para servirte, tía, si no te lo montas muy bien.
--Oh, gracias, nano... eh, Jaume, ¿eres de Barcelona?
--Sí, tía. Ahora vivo en Rubí, fuera de la ciudad. Me gusta más el aire libre. Trabajo como disc-jockey en una discoteca de allá.
--¿Tú eres el nano que pone los discos en la disco El Vallès? –le preguntó ella, mirándole de reojo mientras conducía.
--Sí. ¿Por qué? ¿Has estado allí?
--No, es que unos amigos míos me habían hablado de un poca-solta que en una discoteca de no sé dónde sólo ponía chorradas, ja, ja... y por un momento he pensado que a ver si ese poca-solta eras tú.
--Ah, comprendo –dijo él, comprendiendo el chiste malo de ella.
--No, era una broma, nano. Ya he estado allí, y pones cosas molonas. Y eso que hoy en día sacan al mercado cada mierda de disco –le tranquilizó, dándole una palmadita en el hombro izquierdo.
--¿Es decir, que te has dejado caer por allá, no?
--Sí, Jaume, sí. Y he movido cantidad el esqueleto. Bien, hablemos de cosas más trascendentes, que a veces me mola más: yo me llamo Rebeca.
--¿Rebeca?
--Sí, Rebeca Junquera i Ascó. Mis viejos me pusieron ese nombre por la peli de Hitchcock. Los apellidos te parecerán una lección de geografía catalana, por que eso parecemos los de mi familia, un libro de Geografía. Tengo parientes con apellidos como Figueres, Barcelona, Tortosa, Cervera, Burgos... Cuando hablamos de algún sitio al que queremos viajar, miramos a alguno de los parientes y entonces decidimos. ¿Te parece genial, nano?
--Sí, tía. Ni yo mismo hubiese ideado chorradas así. Bien, tú, ¿en qué trabajas?
--Soy dependienta de unos grandes almacenes, aunque hice estudios para guiones cinematográficos.
--¿Guionista? –se interesó Jaume.
--Sí, tío, guionista y todas esas chorradas. Aun no he encontrado a nadie que le interesen los guiones que he escrito. Creo que a estos directores poca-soltes que hay ahora en éste país no les interesan.
--¿Por qué? ¿De qué hablas en tus guiones?
--Nada, Jaume: de cosas cotidianas, cosas de hoy, humanas, muy próximas... Además, trato de hacerlo desde un punto de vista objetivo... algo que no sea esa visión gilipollas que se hace en muchas películas, ese rollo machista de la mujer fatal ó la mujer tonta que no tiene cerebro... Y además, no me interesa hacer personajes femeninos que en toda la película sólo se desnudan y hacen chorradas. Si tienen que desnudarse, que no estoy en contra de ello, tiene que ser por que haya un motivo, nano, no por que al guarro del director le salga de los cataplines. Y si nosotras no hacemos eso, no les mola sacarnos bien.
--Ya había oído eso. Estoy de acuerdo contigo.
--Ah, muy bien, nano. Eso me mola cantidad.
--Cuando ligo, me fijo no sólo en el cuerpo de una chica, sino también en el cerebro.
--Fotre, nano, me gustan los tíos que piensan así. Me gustas, ¿sabes?
--Gracias, Rebeca. Tú también me gustas.
--Eso está bien para empezar una relación ó un rollete.
--Me pareces muy inteligente y encantadora, además de guapa. No hago piropos gilipollas ni cursis.
--Ah, nano, eso está muy bien. Nunca había oído a un tío hablarme así. ¿Has conocido muchas chicas?
--Sí, muchas. Hasta hace poco tuve una novia, Mireia, pero cortamos por que ya no nos entendíamos nada.
--¿Qué os pasó?
--Nada, es que yo tengo muchas manías, y ella también. Lo dejamos, amistosamente, y ahora somos buenos amigos. Yo le dije que si tuviera algún problema, trataría de ayudarla. Mireia aceptó, y dijo que si fuera al revés, también ella me prestaría ayuda. Ahora ella tiene novio, con el que se casará pronto.
--¿Estuvisteis muy enamorados?
--Sí, claro, muchísimo. Y aun la echo de menos. Y tú, ¿tienes novio?
--No. Ya no. Mi último novio se llamaba Llorenç. Mi relación con él fue muy apasionada, como habrá sido la tuya con Mireia. Yo había tenido muchos ligues, pero la cosa con ellos no molaba mucho, hasta que le conocí a él. Cuando le conocí, en una discoteca de verano en la Costa Daurada, en Coma-ruga, creía que ya había encontrado al hombre de mi vida y chorradas de éstas, pero no; el es empleado de un Banco en Barcelona, y al principio tuvimos una relación muy apasionada, yo me sentía feliz, él también. Cuando estábamos juntos, salíamos a muchos sitios, nos besábamos en rincones, hacíamos el amor... Pero él quería llegar muy lejos en su trabajo, ser alguien importante, y llegaba un momento en que nos veíamos poco... Ello empezó a joder la relación, poco a poco, y al final, no aguanté más...
--Ya, gracias –Jaume pensó que, ahí, Rebeca ya le había contado bastante--. ¿Y luego...?
--Sí, rompimos, como Mi... Mireia y tú, amistosamente, sin guerras de sexos ni chorradas. No sé yo si fui un poco gilipollas, que soñé al principio en una relación como en los cuentos de hadas. Además, yo no soy de esas tías que se ven en Marbella, y no me gustan los lujos, ni siquiera las chorradas que hace ésta gente. Y esto quería Llorenç que yo hiciera. Luego, yo quería ser guionista, y él no quería. En el fondo, Llorenç era algo rarillo, y quería que fuera economista, como la mayoría de los de su familia. Aunque esto me parecía un pretexto, ya que los que manejan la pasta sólo piensan en ganar más y más. Y yo, como hago guiones al estilo de las
pelis francesas, no como las series chorras tipo Falcon Crest ó Dallas (1) , se le ocurrió eso de sugerirme el hacerme economista. Me
costó convencerle, pero aceptó que eso no podía ser... Eso fue una de las cosas que empezaron a enfrentarme con él. Pero ya te lo contaré otro día.
--No hace falta, Rebeca –dijo Jaume, al ver que ya llegaban a La Pobla de Segur y entraban por aquella calle enorme y larga que cruza casi todo el pueblo, cruza el río Flamicell y va siguiendo hasta volverse otra vez carretera y seguir hasta Sort, a 29 kms.
El Renault-5 de Rebeca paró en aquella calle, y ella le dijo:
--Bien, yo me quedo aquí. Cerca de aquí viven mis tíos. Adios, Jaume, y que te lo montes bien. Ya nos veremos algún día por Barcelona –le da una tarjeta de visita--. Aquí te doy mi tarjeta, con mi número de teléfono móvil.
--Gracias, Rebeca. Eh… yo podría invitarte a cenar a algún restaurante de por aquí. ¿Te gustaría?
--De acuerdo, Jaume –aceptó ella sonriendo--. Yo pensaba irme con unos amigos y amigas míos. Siempre lo hago cuando vengo

(1): Series de televisión estadounidenses, muy populares en España en aquella época. La primera se emitió por TVE, y la segunda fue sobre todo famosa en Catalunya, a través de TV-3, una de las primeras series extranjeras dobladas al catalán, a partir de su emisión en 1983. Primero se emitió para toda España por TVE. Luego pasó a las televisiones autonómicas, emitiéndola cada una en su idioma.1):




por aquí… pero nos encontraremos ésta noche. ¿Nos vemos a las nueve?
--Sí, claro. Toma –le da él también una tarjeta de visita--, ésta es mi tarjeta, y también el número del móvil. Ah, puedes venir como
vas vestida ahora, no hace falta que te pongas como si fueras a una audiencia con el Pujol en la Generalitat.
--Yo iba a decirte lo mismo, nano. Odio los vestidos cursis, me hacen salir granos. Menos mal que en los grandes almacenes en los que trabajo no tengo que llevar uniformes muy… eso.
--Hasta luego, Rebeca. ¿Nos encontramos aquí mismo?
--Sí, me parece bien. Hasta luego, Jaume.
Y se fueron, cada uno por su lado. Rebeca a casa de sus tíos, y Jaume a buscar una habitación en un hotel de allí.
Ésta estaba en un primer piso, con una cama bastante ancha. Se dejó caer encima de ella, y soltó un resoplido muy largo, como de alivio infinito. Era, claro, por que aquella mañana había estado a punto de palmarla. Menos mal que se sentía aliviado por haber conocido después a una criatura tan preciosa como Rebeca Junquera.
Recordó lo que le había pasado, el cómo llegó a meterse en aquel embrollo…
Paseaba cerca de Talarn, a dos kms. de Tremp, el pueblo más importante de la comarca catalana del Pallars Jussà, mucho más aún que La Pobla de Segur. Él paseaba por las afueras del pueblo, cargado con su bolsa de viaje. Entonces vio que a cien metros de él había dos personas, un hombre y una mujer. Él la abofeteaba con la mano izquierda y ella trataba en vano de evitarlas. Él era un hombre moreno, alto, feo y aspecto de chulo. Ella, morena, ojos castaños, estatura mediana, que iba, como él, con ropa deportiva, verde claro ella y naranja él. Jaume se les acercó.
--¡Eh, usted! ¿Qué coño le hace a ésta chica? –gritó.
--¿Qué carajo se le ha perdido aquí, tío? –le preguntó él, mirándole con cara y voz de chulo.
--Nada. Déjela, que le hace daño –contestó Jaume, imitando la voz del otro.
--Creo que eres un gilipollas, tío, y te voy a dar p’al pelo –dijo el feo, que dejó a un lado a la mujer para enfrentarse con Jaume. Éste tembló un poco, ya que nadie es perfecto, y él no es ningún héroe, ya lo habíamos dicho. Pero intentó hacerle frente.
--¿Qué pelo? –preguntó Jaume, tratando un poco de intimidarle.
--No sé, se me ha ocurrido –contestó el feo.
Y forcejearon. Jaume le dio un puñetazo, dejándolo momentáneamente en el suelo. Pero decidió largarse de allí, a todo trote, ya que sabía que esos tíos hacen venganzas tales que a su lado Jack El Destripador sería un mariquita, con perdón. Y prefería largarse de allí muy rápido.
Pero allí cerca se hallaba otro hombre, también feo, que debía ser amigo del otro. Debió de verlo todo por que empezó a perseguir a Jaume y gritarle que se parara, entre tacos de todo tipo en su lenguaje. Jaume corría llevando en la mano su bolsa de deportes.
El resto ya lo conocen muy bien. Jaume prefería olvidar, pues ahora esos hijoputas estarán ya muy lejos (uno seguro, en el otro barrio), y descansó un rato, antes de acicalarse y ponerse guapo. Guapo ya lo era, pero con acicalarse, ya estaba aun más bueno.

dimarts, 5 de juliol del 2011

TOT ACABARÀ BÉ... SI ANÈS BÉ (EPÍLEG)




EPÍLEG







Uns dies més tard, en Jarvis i la Judy es van retrobar, però tots dos acompanyats de les seves noves parelles. Van començar una nova amistat, que era sortir per allà tots quatre junts, i de tant en tant aïllar-se un poc, com fan la majoria de les parelles, sobretot les acabades de formar.
Mentrestant, la Winnie estava veient per la televisió un episodi dels Simpson, i se li va ocórrer així el tema de la seva pròxima pel•lícula. Era l'episodi on la Marge denunciava el mal exemple per als nens de la sèrie de dibuixos animats “Rasca y Pica”, que tant veuen els seus fills. Arriba a fer manifestacions per a emanar la retirarda d'aquests dibuixos, o que simplement se suavitzin. Així ho va aconseguir. Però ves aquí que un dia es duu cap a Springfield l'estàtua del David d’en Miquel Àngel des de Florència (Itàlia), i les dones més conservadores de la ciutat es manifesten contra ella. Demanen ajuda a la Marge, però aquesta diu que l'estàtua és una obra d'art i es nega a secundar-les. Així, “Rasca y Pica” torna als seus arguments primitius, amb la consegüent recuperació en l'audiència televisiva, que estava molt malament després de la suavització en els seus continguts, i només ella i en Homer van ser gairebé els únics que van acudir a veure l'estàtua.
Un bon tema del que la Winnie traurà una bona pel•lícula de crítica social, estil “El gran carnaval” d’en Billy Wilder. És el que cal, va pensar, sobretot tenint en compte la conjuntura política del moment als Estats Units, amb el successor d’en Ronald Reagan a la Casa Blanca, el seu Vicepresident George Bush pare.
Uns anys després aquest senyor va ser derrotat pel demòcrata Bill Clinton, però això ja és una altra història. Només direm que la Winnie va sentir llavors que el país podia millorar, evolucionar, no ser tan modern en certes coses i tan antiquat estil Inquisició Espanyola i règim teocràtic iranià en unes altres. En això estaven d'acord amb ella tant la Judy com en Jarvis, la Valérie, en George, la Kathy, en Tommy...
La Kathy va continuar amb les seves actuacions de música rock on podia, i a poc a poc va anar ascendint en la fama, sense deixar de ser mai ella mateixa. No li agradava gens ni mica la metamorfosi de la majoria de les estrelles del rock, que passen de persones normals a éssers deïficats.
Tots els altres personatges d'aquesta història, tant els protagonistes com els que no ho són, van continuar amb les seves vides. Uns millor que no pas els altres.
No els donarem detalls, que serien massa obvis, per que la vida és com és.
I com és...?
No ho sabem. No som adivins ni tenim cap bola de vidre. A més, encara que els diguéssim la veritat, vostès s'imaginarien una altra cosa.





F I

TODO ACABARÁ BIEN... SI FUESE BIEN (EPÍLOGO)





EPÍLOGO





Unos días más tarde, Jarvis y Judy se reencontraron, pero ambos acompañados de sus nuevas parejas. Empezaron una nueva amistad, que era salir por ahí los cuatro juntos, y de vez en cuando aislarse un poco, como hacen la mayoría de las parejas, sobre todo las recién formadas.
Mientras tanto, Winnie estaba viendo por televisión un episodio de “Los Simpson” y se le ocurrió así el tema de su próxima película. Era el episodio en donde Marge denunciaba el mal ejemplo para los niños de la serie de dibujos animados “Rasca y Pica” que tanto ven sus hijos. Llega a hacer manifestaciones parav pedir la retirarda de dichos dibujos, ó que simplemente se suavicen. Así lo consiguió. Pero hete aquí que un día se trae a Springfield la estatua del David de Miguel Ángel desde Florencia (Italia), y las mujeres más conservadoras de la ciudad se manifiestan contra ella. Piden ayuda a Marge, pero ésta dice que la estatua es una obra de arte y se niega a secundarlas. Así, “Rasca y Pica” vuelve a su desarrollo primitivo, con la consiguiente recuperación en la audiencia televisiva, que estaba de capa caída después de la suavización en sus contenidos, y sólo ella y Homer fueron casi los únicos que acudieron a ver la estatua.
Un buen tema del que Winnie sacará una buena película de crítica social, estilo “El gran carnaval” de Billy Wider. Es lo que hace falta, pensó, sobre todo teniendo en cuenta la coyuntura política del momento en los Estados Unidos, con el sucesor de Ronald Reagan en la Casa Blanca, su Vicepresidente George Bush padre.
Unos años después éste señor fue derrotado por el demócrata Bill Clinton, pero eso ya es otra historia. Sólo diremos que Winnie sintió entonces que el país podía mejorar, evolucionar, no ser tan moderno en ciertas cosas y tan anticuado estilo Inquisición Española y régimen teocrático iraní en otras. En eso estaban de acuerdo con ella tanto Judy como Jarvis, Valérie, George, Kathy, Tommy...
Kathy siguió con sus actuaciones de música rock en donde podía, y poco a poco fue ascendiendo en la fama, sin dejar de ser nunca ella misma. No le gustaba nada la metamorfosis de la mayoría de las estrellas del rock, que pasan de personas normales a seres endiosados.
Todos los demás personajes de ésta historia, tanto los protagonistas como los que no lo son, continuaron con sus vidas. Unos mejor que otros.
No les daremos detalles, que serían demasiado obvios, por que la vida es como es.
¿Y cómo es...?
No lo sabemos. No somos adivinos ni tenemos bola de cristal. Además, aunque les dijéramos la verdad, ustedes se imaginarían otra cosa.






F I N

TOT ACABARÀ BÉ... SI ANÈS BÉ (Capítol XXI)









CAPÍTOL XXI





Van passar diversos dies, i en Jarvis i la Judy, cadascú pel seu compte, van començar novament a ser feliços. A tothom li semblarà absurd ho que siguin feliços, tot malgrat el fracàs de la seva relació. A nosaltres també, però és que la naturalesa humana es defensa així quan té massa problemes greus i arriben a atabalar a qui els pateixi. És un mecanisme d'autodefensa que ajuda a seguir vivint, a sobreviure, diguem-ne. La Judy i en Jarvis sabien que el problema que tenien calia tallar-lo d'arrel, i així han evitat que el problema fora com un vaixell enfonsat, que s'enfonsaria amb ells endins.
Vegem ara què fa la Judy. Va tornar a escoltar de nou aquella cançó de l'espanyola Luz Casal, la qual escoltava en començar aquesta novel•la, “Y voy a por tí”. Sembla que és la que sempre li dóna ànims per a actuar. Encara que sempre ha dit que si la noia de la cançó actua com una fera salvatge per a conquistar al noi que s'estima, la Judy no s'ho faria igual, és clar. És més cerebral, menys visceral. Però de vegades necessitava un impuls més visceral, una mica diferent al que sempre havia fet.
En aquell dia, no ho havíem dit abans, era l'últim dia de l'any, i com feia just tres-cents seixanta-cinc dies, era estava sola, sense parella, i la seva germana estava com sempre amb en Tommy. Semblava que la seva era una parella incombustible, imperible. De tant en tant deixaven una miqueta, ep, remarquem-lo, UNA MIQUETA, de besar-se i acariciar-se, i la Kathy va fer un comentari:
--Tommy, se m'ha ocorregut una idea per a una cançó que podria parlar d'alguna cosa com el nostre, un noi i una noia que no paren de fer-se morrejos.
--Això està molt bé. I què diria la lletra?
--No ho sé, encara no ho he pensat, nano...
--Doncs no em distreguis ara amb lletres ni bestieses. ¿Qué comencem altra vegada...?
La Kathy va comprendre a quina cosa es referia el seu nuvi, quina cosa havien de recomençar, i el primer que va fer, sobtadament, va ser abraçar-li i mirar-li tendrament als ulls.
--Em mola, nano –va ser la seva lacònica resposta, mil•lèsimes de segon abans de segellar els seus llavis amb els d’en Tommy.
Segons els comptes que portaven, aquest era el morreig número 379.
A la nit, tots van anar a un restaurant, que encara que en tota Nova York hi hagi més aviat uns 25.000, no és fàcil trobar un en el qual pugui haver de tot. Però a ells, tant se’ls dóna, que el que volen és menjar bé i senzill, no un menjar bast ni sofisticat. I van anar a un italià, situat a la Madison Avenue, de preus moderats i amb una decoració no gaire espectacular, però en el qual podria trobar-se bé qualsevol. Allí van ser la Winnie, l’Arthur (ell anava a començar en breu el rodatge de la seva nova pel•lícula, potser en més aviat una setmana, i ella ja havia acabat el de la seva, començant en breu el muntatge de la mateixa, fer la banda sonora, etc.), la Judy, la Kathy i en Tommy. Per raons òbvies, en Jarvis no hi havia vingut, ja que hi era en un altre lloc i ara anava pel seu compte. A més, no li agradava molt tornar a veure, ara com ara, a la seva ex. Per això es va excusar de no poder anar a la invitació que li van fer la Kathy, sobretot.
També s'havia acostat per allà en George Miravitlles, que venia amb la seva germana, la Rose, i l'últim lligue d'aquesta, un canadenc de la província francòfona del Québec, dit Jean-Gilbert Leblanc. En George havia tallat feia poc amb l'última noia que s'havia lligat, que va superar a força de bolcar-se en la seva feina. És una cosa que de vegades ajuda en circumstàncies tan amargues com aquesta.
En passar diverses hores, ja cada parella va preferir centrar-se en ella mateixa, i gaudir del “que ja saben” tot sol.
I la Judy? Com suposaran, no podia anar-se amb ningú, ja que no tenia parella, i aparentment ningú al que poder trincar per a anar-se amb ell, algun paio bo que li atragués apassionadament...
...Fins que es va fixar en el George, i van començar a xerrar. La conversa entre tots dos era de gran interès per a cadascun/a, pel que, a mesura que passava el temps, aquest interès no anava pel costat purament amistós.
És a dir: la Judy i en George van lligar. Sí, van lligar. Com?
Van començar parlant dels dibuixos artístics d'ell, de les seves exposicions en alguna galeria d'art, no gens important, però que estava bé per a exposar-se...
...I va ser ella qui va començar el “rotllo”, diguem, l'”enrotllar-se” entre tots dos. Va agafar la mà d'ell amb la seva, per sota de la taula a la qual estaven asseguts, l’un al costat de l'altre.
Van sortir fora en anar-se els altres, i la Judy va suggerir que podien anar-se a casa d'ella, ja que els seus pares s'anaven a un altre lloc. I la Kathy i en Tommy també, ja que s'anaven a casa d'ell, així que tenien la casa de la Judy per a ells sols. Així, se sentien lliures per a fer de tot sense ningú que els pugués fer nosa.
Abans van començar amb la clàssica actitud primerenca de petons i petons, un darrere de l’altre. Després, ella va pensar a posar alguna música al ràdio-cassette per a acabar de posar-se catxondos.
--És la teva tàctica per a lligar? –va preguntar en George, interessat.
--Si... però alguns nois també usaven aquesta tàctica amb mi –va contestar ella.
--Ja... i quina música posarem?
--No sé. Mira les cintes que tinc –la Judy li va assenyalar una filera de cintes de cassette, unes de cantants, d’altres de bandes sonores de pel•lícules famoses i altres de sèries de televisió. Però quan ell buscava alguna entre el munt, cuidant de no desordenar-lo tot, ella li va dir--: Espera, George, que sé d'una música que et molará.
--Qual és?
--Te l'has escoltat molt, com jo. Quan l’escoltis, sabràs qual és...
Va agafar una cinta, que ell no va veure bé qual era, i la va posar al ràdio-cassette.
Comença a sonar la música. Era de la famosa sèrie televisiva “Twin Peaks”, i aquesta vegada no era el tema “Audrey’s dance” (El ball de l’Audrey), sinó “Dance of the dream man” (El ball de l'home del somni), aquella en la qual l'home nan que surt en diversos somnis del protagonista principal, l'agent del FBI Dale Cooper. Aquell nan de tot just mig metre d'alçària que parla amb una veu metàl•lica i gairebé inaudible, que per a entendre-li els seus diàlegs apareixien en la pantalla del televisor sempre amb subtítols. La Judy i George van fer el mateix que havien fet ella i en Jarvis tot just un any enrere, posant en tot una sensualitat bastant evident i també natural, gens fingida. En George ho va fer d'una manera més aviat original, que va sorprendre molt a la Judy, la qual li va seguir el joc, molt fascinada... i ell també demostrava estar fascinat per ella.
Ja al llit, van tenir una nit dabuten, sempre segons els termes d'argot emprats per la Judy, que en George coneixia, encara que alguns se li escapaven. Una cosa és que ell estigués al dia, o “al lloro”, de com parlen els joves del moment, però com cada dos per tres hi ha paraules noves, no podia assimilar-les totes.
Després d'haver fet l'amor, es van quedar quiets un moment, ella damunt d'ell, pensant que quina sort havien tingut, a l'haver lligat l'u amb l'altre. Es trobaven molt a gust, tranquils i relaxats, una bona teràpia per a les penúries passades en els mesos anteriors. La Judy es va acordar del seu ex, en Jarvis, i va pensar:
--Tant de bo en Jarvis estigui ara cardant amb alguna noia, i pugui ser feliç de nou. S’h mereix, és un bon noi. Ell i jo ho vam passar dabuten, ens vam estimar moltíssim, però res... res dura per sempre.
Però es va recordar que ara està amb en George Miravitlles, el noi nord-americà fill de catalans, així que va decidir tornar al present i al lloc on hi era, així que allò de pensar en el Jarvis es va acabar... per ara.
--George, que t'ho passes dabuten? –li va preguntar afectuosament, acariciant-li el pit.
--Sí, molt. Em fa gràcia la teva manera de parlar, tia –li va dir, amb un somriure a la boca.
Ella es fonia d'amor per ell, potser per que aquell somriure li agradava. Tantes vegades que li havia vist, i no s'havia adonat fins a aquella nit d'allò.
La Judy li acariciava suaument el pit, amb pocs pèls, i això li va recordar una mica, que li va comentar sobtadament:
--Ep, George..., ¿qué saps que quan vaig estar a Barcelona l'estiu, vaig posar nua per a una amiga dibuixant?
--Carai! I vas sortir bé en aquest dibuix?
--Si. És una artista. Dibuixa dabuten, nano.
--Que tens alguna còpia d'aquest dibuix?
--No, no la va fer, però em va dir que algun dia m'enviarà una per Correu.
--Que era una bona noia?
--Sí, era encisadora, simpàtica. El que passa és que era bisexual... i volia lligar-se'm.
--Vaja! I tu quin li vas dir?
--Que no volia, clar. Encara que pinso molt que si jo hagués estat com ella, el primer pas ho hagués donat jo. És a dir, que jo me l'hagués lligat primer.
Van riure.
Van seguir xerrant, i quan en George va deixar d'estar en el que es diu la “fase refractària”, és a dir, el temps que un home, després d'haver ejaculat, està sense tornar a tenir una erecció, van tornar a fer l'amor.
A l'endemà, van començar a sortir junts. I ja, diguem, que com parella.
Mentrestant, en Jarvis –retrocedim uns dies abans— també intentava refer la seva vida. Però d'una altra manera...
Quan la Judy es va haver marxat, no només de casa seva sinó de la seva vida, va decidir telefonar a la seva ex, la francesa Valérie Chévenement.
En aquest mateix moment, la Valérie passava pel mateix que en Jarvis i la Judy, que havia trencat amb el seu últim lligue. Intentava animar-se arreglant una mica la casa, i estava amb l'escombra passant-la per la sala fins que va sonar el telèfon. Anava amb un mocador al cap, amb samarreta i pantalons, i descalça.
Va deixar l'escombra recolzada a la paret, de manera ordenada, i se’n va anar a despenjar l'auricular.
Va preguntar, amb absoluta indiferència en el to de veu:
--Digui...?
--Hola, Valérie, sóc en Jarvis –va sentir per l'auricular.
La Valérie va fer un somriure. Continuava apreciant al seu ex, malgrat que la seva relació amorosa no va anar gens bé.
--Jarvis...? Ah, hola, “chérie”. “Ça va, garçon?” (1):
--Com dius...?
La Valérie no se’n recordava que en Jarvis no dominava bé la llengua natal d'ella.
--Perdona, Jarvis. Deia que com estàs.
--Bé, bé... –va dir ell, encara que no estava gens per la labor, ara com ara, de dir-li a ella que estava “depre” perdut.
Van passar uns segons. No sabien com continuar la conversa. La Valérie es va asseure a la butaca per a parlar millor i més tranquil•la i relaxada. Va posar els peus descalços a sobre de la tauleta de la sala, just davant d’ella.
--Com et va, amb el noi aquest? –va preguntar en Jarvis.
--Per això em trucaves...? –va preguntar la Valérie, decebuda.
--Eh... no... perdona, no era per això... –es va excusar en Jarvis, avergonyit, com un nen que ha comès una falta terrible.
Va continuar ell mateix:
--Et trucava per a saber com estàs.
--Doncs... he trencat amb el meu nuvi.
--Quina casualitat.
--Que tu també has trencat amb la Judy? –va preguntar la Valérie, sorpresa i somrient, com si això li animés de cop i volta, almenys per a intentar abordar novament al seu ex.
--Si... Ja veus. Tots dos estem igual. Ep... –va anar a dir ell—Que podem veure'ns demà?
--Demà?
--Si. Quedar per a xerrar.
--És clar, Jarvis. M'agradaria molt.
Cada vegada més estava ella més animada. En el fons, era molt de temps trobant a faltar al seu ex. Havia après a apreciar-li malgrat els seus defectes, i sobretot li enyorava com el millor nuvi que havia tingut.
--Molt bé, rei –li va dir, amb tendresa i sense exagerar el seu accent francès, cosa que sabia que era el tòpic que els americans solien tenir dels francesos, una mica que li indignava del tot--. Demà a l'hora per a sopar?
--És clar, Valérie. Em, ¿on?
--En... al restaurant aquell. Els restaurants cars i cursis, “je n’aime pas ça” (1)
Amb el seu escàs francès, en Jarvis va comprendre aquesta vegada el significat de la frase pronunciada per la noia gal•la. Va dir:
--Dabuten, tia.
--Dabuten...? Què significa això...? –no comprenia ella la majoria de les vegades l'argot novaiorquès.
--Que molt bé, Valérie –li va aclarir ell el significat.
Ella es va quedar tranquil•la.
--Gràcies, Jarvis. Ens veiem... –li va dir, amb una veu repleta de tendresa i d'esperança en una vida millor.
--És clar que sí, Valérie...
Tot això va tenir la seva continuació en el restaurant en qüestió. Van acabar sortint al carrer després, fer-se petons apassionadament en un cantó i anar-se a casa d'ella. Van fer l'amor com mai en les seves vides, ni tan sols amb les seves anteriors parelles o quan ells mateixos eren parella.
Es van quedar en la mateixa postura en la qual s'havien quedat la Judy i en George “després de...”. Miraven al sostre amb un somriure en les seves boques molt evident. Semblaven haver entrat en la glòria, haver sortit d'un espantòs malson.
--Jo he intentat trobar-me bé amb els paios amb els quals vaig tenir una relació després de tu –va començar a confessar-se la Valérie--, però no ho vaig aconseguir...
--I jo he tingut alts i baixos amb la Judy –va contestar en Jarvis--. Unes vegades discutim, i unes altres ens estimàvem i discutíem alhora.
--L'amor és així de capritxós.
--Sí…
--Veig que ara no em surts ja amb les manies i tics que tenies abans, Jarvis... –va observar ella.
--No, continuo amb les mateixes manies, però he après moltes coses noves, amb ella. Moltes coses de la Judy són les mateixes que les teves, Valérie.
--Ah, “très bien”. I quins són?
--Ja te les contaré a poc a poc.
--És que són moltes?
--Com per a omplir la guia telefònica.
--Ha, ha, ha...!
Va riure la Valérie, feia temps que no reia tan a gust. En Jarvis no va riure tant com ella, però també gaudia amb això com feia temps que no ho feia.
--I ara, que no me les pots contar...? –li va demanar ella.
--Vinga, no fotis. ¿Ara...?
--Béééé... m'imagino, nano, que de tant en tant seguiràs amb aquesta idea fixa que tenies de voler ser dona en una altra vida, oi que sí?
--Sí, encara, però no et preocupis, tia. Pitjor seria que no sabés apreciar-vos a vosaltres les dones i us maltractés.
--Vinga, Jarvis, quin amoret...
Més tard, quan prenien alguna cosa a la sala d’estar de la casa de la Valérie, sonava en el seu tocadiscs un disc del músic de jazz català Tete Montoliu, molt conegut entre la gent del jazz. Precisament, en una escena de “La Hanna i les seves germanes” d’en Woody Allen, en la de la botiga de discos entre l’Allen i la seva ex cunyada, s'hi veu un “stand” amb discos d'ell.
En Jarvis, per a dur-se millor amb la seva nova núvia (encara que ja ho hagués sigut en un temps anterior), va intentar reprendre les seves classes de francès per a poder parlar amb ella una mica més que en anglès novaiorquès. Costava de vegades entrar bé en el francès col•loquial parisenc que parlava la Valérie. Igual que a ella li costava horrors en ocasions entrar en l'endiablat “slang”, és a dir, la parla col•loquial nord-americana en versió “made in New York”.
En un moment donat, la Valérie intentava ensenyar en Jarvis aquesta frase:
--“Je veux draguer avec quelqu’un”. (2)
--“Xo vó dragué avéc kelkán” –va dir ell, amb un lamentable accent, gairebé còmic sense voler.
La Valérie es va tapar lleugerament la boca, intentant aguantar-se el riure.
--Jarvis, si et plau, tracta de vocalitzar-ne. El teu accent és pitjor que no pas l'anglès que parla el porter de la casa d'una amiga meva, que és d'Iugoslàvia.
--Em sap greu, tia, és que em costa... L’estrany és que a Barcelona aconseguia parlar bé el català.
--Sí, jo també he estat alguna vegada en aquesta ciutat, preciosa, a més. ¿Què saps de català? –va preguntar la Valérie, interessada.

--Eeeeeep... –va intentar recordar-se en Jarvis d'alguna frase catalana— “S’han fet un pa com unes hòsties” (1)
--“S’han fet un pa com unes hòsties”... –va repetir ella--. Doncs bé... “I ara! No sabem ben bé quines coses en faran, d’aquests paios!” (1)
Pronunciava les frases amb un bon accent, encara que per sota se li notava el seu accent francès habitual, cosa que no aconseguia mai dissimular del tot.